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yo no me enamore de ti.

Prologo.

<<Respiro profundamente>>

Están son las primeras palabras que escribo antes de comenzar con esta novela (Yo no me enamore de ti). Por el momento me siento nervioso. Las ideas se me escapan, así que debo de estar atento para no dejar escapar ninguna.

Aprovechare el prólogo, para decir que por el momento me siento estable, pero llegara el momento en el que se me vendrá el mundo encima. Simplemente es inevitable. Aunque esos son los motivos que más ganas me dan para escribir.

Nadie me conoce. A lo largo de la novela me veré caracterizado en varios de mis personajes, cada personaje llevara un poco de mi esencia. Quizá a nadie le interese. En algún momento sé que mis palabras vivirán, y aunque yo muera con ellas yo viviré.

Le agradezco a aquella chica, que conocí en un sueño. No sé su nombre. Ni sus gustos. Ni nada. Pero lo que si se, es que es muy hermosa y de un calor, en el que me gustaría fundirme. Sé que algún día te encontrare.

Y por último dedicaré este libro a mi hermana, aunque es muy pequeña, llegará el momento en el que se enamorara.

Sueño

El ambiente estaba tranquilo. Caminaba lento por la banqueta. Había tanto silencio. Se me hacía raro que ningún auto pasara y acabara con esa tranquilidad. Respire hondo, el aire que entro por mi nariz fue tan fresco. Exhale y sentí como mi cuerpo se sentía más relajado.  Mire a los lados y me sorprendí al no mirar una sola persona. Por un momento me torne confuso, no le tome importancia seguí caminando. Después de unos pasos, te mire. Estabas parada sobre la banqueta, mirabas directo a la carretera. Me tome unos instantes para poder observarte; te veías muy linda con tu cabello corto, tus labios rojos y  tu cuerpo se tan frágil. Me sorprendí al encontrar a alguien en este desolado lugar. No notaste mi presencia, pareciera que esperabas a alguien. Volteas de un lugar a otro, de repente una fuerza invisible, me empujaba directo hacia donde te encontrabas, al principio trate de resistirme; hasta que te vi sonreír, y ¡wao! Que linda sonrisa, radiaba cierta ternura e inocencia. Desde ese punto supe que tú me esperabas a mí, deje de resistirme, y solo me deje llevar. Cuando estuve cerca trate de saludarte con un hola, pero mis palabras eran mudas, sentí un poco de miedo, lo intente varias veces, tú me mirabas con incomprensión. Cuando deje de intentarlo me di cuenta que tú extendías tu mano derecha hacia mí, capte rápido, sostuve tu mano para estrecharla.    

Un cambio de escena fue tan repentino, en esta ocasión tú me agarrabas la mano o quizá yo agarraba la tuya. Todo era perfecto. Sentía como mis sentimientos papaloteaban y chocaban entre sí. El calor de tus manos era lo más vivo que pude sentir. Tu mano apretaba la mía, y entonces descubrí que tú eras la que la sostenía. No me sentía incómodo, pareciera que te conocía de toda la vida, podía sentirme bien a tu lado. Te mire, fuimos sincronizados para poder vernos frente a frente. Pensé que esto pasaría a algo más intenso, me miraste fijamente a los ojos y sonreíste como la primera vez que nos vimos; esta vez pude ver el brillo de tus ojos, vi como tus labios se ondeaban para formar una bella expresión en tu rostro. Acerque mi rostro al tuyo…

De un momento a otro, me encontraba frente al mar en una especie de puente, veía como las olas se movían, en algunas ocasiones eran tan bruscas. Sentía temor. El cielo era gris y más allá de las olas que se aproximaban, ya no podía ver nada. Voltee a los lados buscándote, no te veía por ninguna parte. Ahora me sentía solo y con miedo. Era tan horrible, hasta que tú te acercaste por detrás, te paraste a un lado mío, y junto a mi observaste las olas que golpeaban el puente con fuerza. Mire tu cara para poder mirar tus expresiones, no sabía si sentías miedo o seguías tranquila, las olas se volvieron cada vez más violentas quería salir corriendo, pero no lo hice tú seguías hechizada viendo las olas violentarse, tuve miedo. Te acercaste a mí, extendiste tus brazos y me rodeaste por el cuello, seguí el plan tomándote por la cintura. Escondiste tu cara entre mi hombro derecho. Tu calor se sentía tan bien, deje de tener miedo. Cerré los ojos; fue lo peor que pude haber hecho. Esta fue la escena final.

 

Acerca del autor: andres rosales

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