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Vuelo

 VUELO

Llegamos temprano al aeropuerto, documentamos las maletas y nos sentamos a esperar. Padre bebió agua mineral, un gusto que nunca le he comprendido, yo apuré mi limonada embotellada. En unas horas conocería a Kenia, quien se había convertido en mi mejor amiga y una especie de maestra. Nos encontramos en Instagram. En su cuenta, ella compartía materiales de dibujo, sketches y tips para principiantes de acuarela y óleo. Eran tantos mis comentarios, dudas y observaciones que un buen día me escribió un mensaje privado “Querida Pupila, llama cuando tengas dudas artísticas 55 7644 8722” .

Sonreí al recordar aquello, al imaginarme que dentro de nada estaría de pie en su tienda de arte, en ese precioso rinconcito de la Ciudad de México. Padre preguntó alguna cosa, no recuerdo con claridad la primera parte de nuestra charla, pero me di cuenta demasiado tarde. Llegamos a ese tema que en distintas circunstancias habría evadido retirándome a mi habitación, preguntó a cuál universidad me gustaría inscribirme. Me retorcí en el asiento.

Estudiar fuera no estaba en mis alternativas, y aquellas carreras que anhelaba cursar no se impartían en ninguna de nuestras modestas instituciones. No quería hablar, así que devolví la pregunta, ¿Dónde había estudiado él?

Aunque algo conocía del historial académico de papá, nunca le había preguntado directamente. Se le dibujó una expresión serena al relatarme su historia. Él había soñado con ser arquitecto, se mudó a San Luis Potosí, pensando que sus tíos le apoyarían encontrándose en esa nueva ciudad. Para su sorpresa, le expresaron sin palabras que era una molestia y terminó hospedado en una casa de estudiantes.

Era un sitio terrible. La casera les servía lo mismo cada desayuno, comida y cena. Había poco espacio para la cantidad de chicos hospedados y debía arreglárselas para que nadie esculcara sus pertenencias. Se acostumbraba a aquél nefasto estilo de vida cuando la moneda sufrió una repentina devaluación y su padre un accidente de auto que le había dejado hospitalizado.

No había ingresos para continuar sus estudios o pagar los tratamientos de mi abuelo, así que papá dejó la carrera y regresó con aquél peso en los hombros de sacar adelante a la familia. Lo consiguió, explotó al máximo sus habilidades y pronto fueron buenas las propuestas de trabajo que le ofrecían. Mi abuelo volvió a trabajar tiempo después, pero aquello de retomar la carrera había quedado en segundo y difuso plano.

De lo que si me habían hablado era de los primeros años de matrimonio de mis padres. El tema les incomodaba por la situación económica que afrontaron en aquél periodo. No puedo afirmar que recuerde conflictos o carencias, ¡Era la niña más feliz del mundo! Incluso en aquél tercer piso en el edificio de departamentos más desgastado de la ciudad, me sentía única y amada. Si, el piso de madera rechinaba y mi habitación carecía de puerta, pero eran detalles ridículos. Lo que se quedó en mi memoria fueron las expresiones alegres de mis padres al poner la decoración navideña, o al llevarnos de la mano a mi hermano y a mí al jardín de niños.

Padre viajaba mucho, trabajaba fuera durante semanas. Recuerdo el día en que realizamos la primer mudanza, llegando a esa preciosa casa azul en la calle Piñanona. Aunque padre y madre señalaron mil defectos a mí me parecía la mansión de los sueños. Lo que intento decir es que pasados éstos años y recapitulando analíticamente lo ocurrido, puedo darme cuenta de la lucha enfrentada y sentirme inspirada, porque en su momento aquello pasó desapercibido.

Han llamado a los pasajeros con destino Ciudad de México, padre me toma de la mano y  en poco llegamos a nuestros asientos, casi al instante se queda dormido.

Estoy conmovida. Aunque en éste papel plasmara únicamente una parte bastante superficial de la historia, vienen a mi mente cientos de momentos en que mi padre ha ayudado económicamente a sus amigos y a nuestra familia. No conoce el egoísmo, a pesar de haber atravesado por una infancia de carencias y una juventud acelerada. Atesoro los consejos que me ha dado, sobre cada pequeña o enorme cosa de la vida.

El dinero es una herramienta, nos permite adquirir comodidades y también ser de bendición para las personas que nos rodean. Hay que aprender a administrarlo y a reconocer que no nos pertenece, es un préstamo que como Cristianos nos corresponde repartir con sabiduría e invertir inteligentemente. Se trata de una de las pruebas en la que la mayoría fracasan, se imparten toda clase de lecciones con su carencia o su abundancia.

Aquello es lo que había aprendido. Aunque no he atravesado por conflictos económicos personales sé que ese momento llegará, me tocará enfrentarlos más adelante junto a ti.

Hemos llegado a Ciudad de México. Te adelantaré un pequeño detalle, conocer a Kenia dará un giro a las cosas. Estoy por recibir mi primer propuesta de trabajo.

Literary_Pau

Mi canal de YouTube y página en Facebook se llaman Literary Compass. Soy BookTuber y promotora de lectura. Mi lema es: El mundo está hecho de historias.

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