VIVIENDO LA MAGIA DE LA CUARENTENA

El vaivén de la mecedora gris ha revuelto mis pensamientos mientras sostengo, con mi brazo izquierdo, el tierno cuerpecito de tu risueña nieta; quien busca mi mirada con esos ojos, brillantes y pícaros, llenos de vida.

 

La oscuridad, a través de mi ventanal, dibuja las siluetas de las palmas en el jardín y canciones de cuna, que surgen de la lámpara de noche, envuelven el ambiente de mi habitación.

 

En estos días que estamos viviendo, en que el país ha sido declarado en cuarentena total, debido al virus que ataca a toda la humanidad y nos tiene atemorizados, debo confesarte que has aparecido en mis pensamientos a menudo; imaginándote solo. Pero espera, no estés más triste pues tengo algo bueno que contarte. Detente un momento, ven.

 

Aprovechemos que las voces de los niños ya se han apagado. Al fin duermen tranquilos, después de un día lleno de juegos y diversión; su energía no tiene comparación.

 

¿Recuerdas, hace más de una década, cuando me dijiste muy convencido que el número 40 tenía un significado especial? Fue justo para tu cumpleaños, y sentías que ese evento marcaba un nuevo comienzo, una nueva oportunidad.

 

Te escuchaba con la atención que caracterizaba siempre nuestras conversaciones, y la admiración que me envolvía al oír tu facilidad de palabras. Aunque, te confieso que en ese momento no comprendía plenamente lo que me estabas transmitiendo. Pero ahora, esas palabras cobran un significado especial y preciso para este momento.

 

Tus gestos siempre te delatan. Aún no te sientes muy convencido. Espera un momento. Pondré a la niña en su delicada cuna rosa, porque su sueño ya es profundo, y regresaré para ponerme cómoda y continuar hablando contigo. Mientras tanto, saborea ese delicioso té, de manzanilla con miel, que acostumbras antes de dormir.

 

Un hondo suspiro declara que la faena de hoy ha terminado. Tiendo mi cuerpo en la cama y mis músculos se relajan. Miro hacia el cielo raso blanco. Estoy cansada, pero aún no tengo sueño. Así que, enciendo la lámpara del móvil y extraigo, de entre las suaves almohadas, mi libreta donde decido continuar dedicándote mis pensamientos plasmados en negras letras.

 

Cuarenta días estuvo Moisés en el monte Sinaí para recibir la Santa Ley. Fueron también cuarenta días los que permaneció el profeta Elías en el mismo desierto huyendo del acoso de la reina Jezabel. Cuarenta días estuvo Jesús en el desierto y fue tentado en todo. Estos fueron algunos de los ejemplos que me diste en aquella ocasión, cuando celebrabas tu cuadragésimo cumpleaños.

 

Realmente el número 40 encierra algo misterioso. Al parecer, la magia radica en el tiempo que pasamos a solas. Me refiero a esa soledad de las buenas. La que nos hace conectar con nosotros mismos, la que penetra hasta nuestras memorias más profundas. Memorias encerradas en habitaciones polvorientas y olvidadas porque una vez creímos conveniente dejarlas así, sin saber que esa acción nos traería mucho dolor y confusión en el futuro. Por eso, en esta noche te digo que estás viviendo el momento perfecto para que sacudas el polvo y hagas limpieza.

 

Otra vez esa cara. Pero, el pequeño esbozo de sonrisa de medio lado me dice que ya te estoy convenciendo. Y claro, yo también me he sentido sola. Algunos días lloro, otros río. Algunas veces la ansiedad emerge sin ser invitada, otras veces suelto las riendas de mi imaginación para evadir la realidad, y es difícil encontrar el equilibrio. Pero no todo es caos.

 

Me conoces. No te diría que hagas limpieza sin yo haber empezado a limpiar primero lo que me toca. Por eso te digo, con mucha convicción, que se siente genial la frescura y brillo que surge cuando decides hacerlo. Logras mirar con un enfoque diferente, que te permite disfrutar a plenitud lo que tienes hoy, a gozar y ser agradecido con la vida por lo que te da. Te hace amar con un amor que no sabías que tenías, pero que, ahora, es tan real como tú.

 

La calma y el silencio, que inundan la noche, realzan el canto de los grillos y, sin esperar, el claro aullido de coyotes en la montaña. Ya no me asusta, como cuando recién me mudé aquí, pues ya es familiar para mí; me he acostumbrado.

 

Ahora sí tus ojos brillan con curiosidad. Me dicen que lo quieres intentar. Ese espíritu soñador y capaz ha despertado en ti y está decidido a aprovechar al máximo estos días porque sabes que no estás solo, pues te tienes a ti y eso basta.

 

Aunque mi cuerpo y ojos reflejan cansancio, porque lidiar con la maternidad de tres pequeños en este encierro obligatorio no es fácil, dentro de mi pecho mi corazón late con un ritmo alegre. Pues, estoy aprendiendo a disfrutar más de las sonrisas de mis hijos, a derretirme con sus tiernas miradas y espontáneas ocurrencias, a valorar el tiempo en familia, a cultivar la oración y el agradecimiento, a ponerme más en el lugar del que sufre, a dar más de mí.

 

Así es, papi. Todo en la vida tiene dos caras. Una fea y otra bonita. Las dos son parte de la vida, no lo podemos cambiar. Pero sí que podemos decidir qué cara mirar, en cuál enfocarnos para ser mejores y disfrutar. Estar vivos es un gozo perpetuo que no podemos desperdiciar. Y de las caídas, bajas o encierros nuestro deber es entender el para qué, y así salir renovados y transformados para recibir una nueva etapa siendo la persona idónea para cumplir con ese propósito de vida que te fue encomendado desde antes de nacer. Y eso te hace único y maravilloso.

 

Cuando todo esto pase te abrazaré por todo el tiempo que he desperdiciado no haciéndolo. Y seremos dos seres nuevos y preparados para brindar más amor a la humanidad, empezando por casa.

 

Mis párpados pesan ya. Una sonrisa cálida se dibuja en mi rostro tras hacer un minucioso inventario de mi vida. La preocupación de los días venideros se disipa, pues los he dejado en las manos de mi Poder Superior, al igual que a ti.

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Esta entrada tiene un comentario

  1. romina

    Me perdí en la lectura. Estaba contigo, tomando el té, y tú luego te acuestas para escribirle. Cuidado. Si logras llevar al lector a un lugar, debes recordar eso y no dar un salto tan brusco… yo estaba saboreando el té y de golpe ya no…

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