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verdades

—¿Hijo?

—Papá, aquí estoy ¿Qué necesitas? —mi mirada no deja de conectarse con la suya.

—Ya te lo dije por teléfono —Suspira—. Sólo hablar.

—Pues habla —desvío la mirada

—Hijo, perdóname, fui un irresponsable, no medí las consecuencias de mis actos —lo interrumpo.

—Basta —me cubro el rostro con mis manos—. Crecí sin un padre, siempre tuve a mi lado a mi madre y a mi hermana, pero un padre nunca estuvo ahí. Han pasado dieciséis años y vienes acá a decirme perdón, a decirme algo que ya era obvio—termino bajando el tono de mi voz por la gente alrededor mío.

—¿Por favor me dejarías hablar?

—Está bien.

—Bien —da un sorbo a su vino—. Fui un cretino, lo sé, todos estos años me he arrepentido de haberte dejado sólo con tu madre y tu hermana. Sé que quizá ahora, justo aquí, en esta mesa, no me quieras perdonar, pero si es que vine hasta aquí es porque te quiero y no te quiero perder. Eres mi hijo.

—Cierto —me seco las lágrimas que comienzan a empañar mis ojos—, soy tu hijo y tu mi padre ¿tienes alguna idea de lo duro que es pasar toda una niñez esperando a poder saludar a alguien por el día del padre? No, claro que no la tienes. Te guardé mucho rencor por años—una presión en el pecho me impide el habla. Tomo un vaso con agua para recuperar la compostura.

—Hijo por favor cálmate. Lo siento, no tengo más qué decir que un “lo siento”. Aún te quiero—lo interrumpo levantándome de mi silla y alejándome del restaurante. A lo lejos veo cómo deja pagada la cuenta y me persigue.

—Aléjate ya de mí —un gran escalofrío recorre todo mi cuerpo, mientras sigo caminando.

—No puedo. Hijo, lamento haberme ido así como así, lamento no haberme comportado como un verdadero padre, lamento causarte ahora mismo este dolor.

—Pero lo sigues haciendo y no dejas de hacerlo—me seco las lágrimas que no dejaban deslizarse por mi rostro.

—Ten—me entrega una radiografía del año 2000, año previo a mi nacimiento y atrás de esta había escrito un poema dirigido hacia mí.

—Tú ¿Tú lo escribiste? —tartamudeo.

—Antes de que nacieras, tu madre y yo estábamos enamorados, cuando supe que iba a ser padre no te dejaba de pensar, te quería en mis brazos, pero me fui. Te dejé —mi padre, derramaba su primera lágrima, lo cual no lo esperé de alguien tan frívolo como él.

—¿Y por qué guardaste esto?

—Porque esa radiografía era lo único que me quedaba de ti y lo único que me motivaba a seguir adelante —ante sus palabras no dudé en abrazarlo y entre sollozos regalarle un “te quiero”.

 

 

 

Soy un joven que su más grande pasión es escribir.Me gusta cantar, he compuesto canciones, hago poemas, como verán el arte de la palabra en mí, es algo inevitable, amo leer

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