Valió la pena esperar. Reto 7

 

Valió la pena esperar.    

Reto 7 Por: Lucía Argoytia

 

     Aquella tarde llegué temprano a mi cita con el doctor. Necesitaba con urgencia un cambio de graduación; pero entre el trabajo y la universidad era difícil encontrar tiempo para actualizar mis lentes.

 

      En víspera de exámenes cargaba con mis libros para todos lados; aprovechaba cada minuto para estudiar. La Psicología era una carrera demandante y la lectura de textos era prioridad…literalmente llegué a parecer un ratón de biblioteca.

 

     Entre la concentración en la lectura y mi limitación visual (ceguera parcial del ojo izquierdo) no me percaté cuando el doctor llegó. Se dirigió hacia mí, y me extendió la mano para saludarme. Cerré mi libro, me acomodé los lentes, y cuando levanté la vista…ahí estaba él.

 

     Veintiún años había esperado para conocer al amor de mi vida, y esa tarde de manera fortuita se presentó ante mí. Al fin nuestros caminos se encontraron, y, desde ese momento, no nos separamos más.

 

     Cuatro meses de noviazgo pasaron, y la propuesta de matrimonio llegó. Ocho primaveras me llevaba de diferencia, y a sus treinta años, deseaba formalizar la relación. Mi corazón se detuvo, tenía la piel erizada y un escalofrío recorrió mi ser. Casarme con la persona amada estaba dentro de mis planes, pero, justo ahora que estaba a punto de graduarme no sabía si sería… la mejor elección.

 

     Me quedé sin palabras, y en un instante, mi vida pasó como un relámpago frente a mí. 

 

     Mi aire intelectual siempre alejó a los chicos, o al menos de adolescente eso pensé. Creo que en realidad mi forma de ser los asustaba. ¿Quién en su sano juicio sería novio de una chica seria, disciplinada, amante del estudio, que sentía no encajar con la gente de su edad, y que además amaba su soledad? Definitivamente no resultaba una divertida compañía.

 

      Ahora la vida ponía frente a mí al hombre perfecto. Bueno, trabajador, inteligente, gentil, respetuoso y, sobre todo, enamorado de esta alma vieja. No, no podía perderlo. Lo amaba, realmente lo amaba, pero también aprendí a amarme a mí. Yo era aún muy joven y tenía un plan de vida y carrera por cumplir, poner mi propio consultorio entraba dentro de esos planes.

 

     La vida no me había sido fácil. Llegar hasta donde estaba requirió no sólo de mi esfuerzo, sino del de mi familia también. Mi madre fue fundamental para superar mi discapacidad visual. En el pasado, mis logros fueron compartidos, y ahora, era autosuficiente al fin.

 

     Por otra parte, a nuestro inesperado amor había que darle aún alas para volar; motivos para regresar, y razones para quedarse. Todo había sido demasiado rápido. Formar una familia también era mi sueño, pero debíamos de conocernos más, trabajar para un fin en común, y entre otras cosas, compartir nuestros logros. Definitivamente había mucho por hacer antes de tomar la decisión de unir por siempre nuestras vidas.

 

      Emociones encontradas acompañaron mis noches de insomnio. Estaba la pelota en mi cancha y ahora a mí me tocaba jugar. La decisión que tomé fue una de las más difíciles de mí vida, y, hacérsela saber… resultó aún más.

 

      -Nada me haría más feliz que ser tu esposa- le dije, pero deseo es…

 

     Antes de terminar la frase me interrumpió. Tomó mi mano, lentamente se acercó hacía mí, y con ternura me susurró al oído:

 

     -Tómate el tiempo que necesites…te sabré esperar.

 

     Hace treinta y dos años que pronunciamos el tan anhelado “Sí, acepto”, y aún sigo convencida…que valió la pena esperar.

 

    

 

      

 

¿Te gustó?

Puntuación 0 / 5. Recuento de votos: 0

Hasta ahora, ¡no hay votos!.

lucia_argoytia
Author: lucia_argoytia

Esta entrada tiene 4 comentarios

  1. Salma

    Muchas gracias por compartir tu escrito. Me encantó tu historia tan conmovedora y creo que realmente logras transmitir la incertidumbre y confusión que experimenta el personaje principal (:

    1. Lucía Argoytia Guerra

      Gracias a ti Salma por leerlo. Un abrazo a la distancia. Saludos

    1. Lucía Argoytia Guerra

      Gracias Romi, lo tendré presente. Saludos.

Deja una respuesta

2 × cinco =