Una nueva Esperanza

El padre de mi amigo Carlos acaba de fallecer. Me encuentro aquí en su casa, dándole soporte emocional, el pobre esta desconsolado.

No paro de escuchar a las personas que vienen a darle el pésame, decirle una y otra vez, ¡Tranquilo, tu Padre te mira desde el cielo, desde allá, seguirá cuidando ti. 

Viene a mi mente aquellas palabras, que de niño mi madre me leía en la Biblia. “Los muertos nada saben, están como en un sueño profundo, del polvo fuimos formados y al polvo volveremos”. 

Hay tanta confusión con respecto a la vida después de la muerte, y todo viene a raíz de una simple palabra “El Alma”. La Biblia hace énfasis a esta palabra, refiriéndose a cada uno de nosotros mientras vivimos. El Rey David en sus salmos decía: “ Porque El ha saciado al alma sedienta, y ha llenado de bienes al alma hambrienta”.

La creencia popular, es que al morir, nuestra alma; o también llamado espíritu, abandona nuestro cuerpo y va al cielo o al infierno, dependiendo de la clase de persona que fue en vida.

Si todo fuese así, que sentido tendría, tener la esperanza de que Dios viene otra vez a buscar a sus hijos, si todos ya están en el cielo o el infierno.

Cuando Dios formo al hombre, hizo un muñeco de barro, y para darle vida soplo en su nariz de su aliento. Al morir ese aliento sale de nuestro cuerpo y regresa a su dueño, Dios. Pero no es la persona en forma de espíritu que sube, con nuestra ultima expiración se libera el poder que dio vida a ese muñeco de barro. Es algo tan maravilloso y la causa por la cual jamás se podrá crear vida en un laboratorio. Nunca se podrá crear ese hálito, que hace funcionar la perfecta maquinaria que es el cuerpo humano. 

Regreso de mis pensamientos y miro a mi amigo.

—–Carlos quiero decirte algo, es muy personal, pero que me llena de mucha esperanza al pensar respecto a la muerte.

—–Claro que si amigo, te escucho, —–con mirada esperanzadora. —–Se que no me  algo que me hiciera mal.

—–Quiero que sepas que volverás a ver a tu padre. —–se muestra sorprendido. —–Se que tu padre creía en Dios, y vivió conforme a lo que decidió creer, siempre fue un gran ejemplo, y todo el que cree en Dios se convierte en su hijo.

—–Cuéntame mas por favor.

—–Cuando Cristo regrese a buscar a sus hijos… —–dice la biblia. —–aquellos que murieron creyendo en el, al escuchar la trompeta resucitaran dirías, y volveremos a ver a nuestros seres amados.

—–Gracias Alberto por tus palabras… —–me abraza. —–me has dado una nueva esperanza.

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Esta entrada tiene 3 comentarios

  1. Hola Jaramillo.
    Muy ciertas tus palabras porque se fundamentan en el libro que Dios dejó para instruirnos. El problema es que muy pocos lo leen y dejamos que tradiciones basadas en paganismos se injerten en nosotros.
    Las palabras para el doliente siempre serán la esperanza de la resurrección.

  2. romina

    Bien la ontología, pero debemos aprender a usar el guión de diálogo.

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