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Una mala idea

Luego de un arduo día de trabajo fui a visitar a mis padres, no quería llegar a casa con toda esa carga emocional de la semana, preferí regresar al nido para de alguna forma aliviar la presión del trabajo y los problemas, no fue una buena idea, los errores del pasado salen el rato menos pensado.

Mi madre me invito a tomar un café, empezamos a conversar de cómo está el negocio, le pregunté como estaba mi hermano, yacía tiempo que no le veía. Sus ocupaciones y las mías no nos permiten compartir actividades juntos. Le pregunté cómo está mi padre, el usualmente ya llega a esta hora, afirmé, pasarían unos minutos cuando de pronto llegó muy ofuscado y reconoció mi voz de inmediato y vociferando dijo:

— ¿Hasta que al fin te dignas en aparecer a ver si vivimos?

­­­— ¿Qué pasa? Pregunté a lo que inmediatamente me contestó — Ya eres un hombre viejo, estas por llegar a los 40 años y no logras asentar cabeza, hoy me llamaron de la empresa de donde obtienes mercadería para tu local, me dicen que estas atrasado en unos pagos. Inmediatamente reaccioné de manera impulsiva — ¡primero averigua antes de venir a tratarme de esa manera!, la gente habla muchas de las veces sin fundamento.

— Entonces los de la fábrica me están mintiendo — primero dime a que hora te llamaron, porque yo hice un depósito a las 5 de la tarde. Se quedó pensando un momento, antes que me responda concluí de manera firme y segura, el pago previsto vence hoy, así que no es atraso.

— Está bien, no confió en ti, lo lamento, me has dado tantos problemas en tu juventud que ahora cada cosa que se dice mala de ti les creo y no depende de mí.

— Es normal, cuando una persona pierde la confianza por más ínfima que sea la falla, eso queda grabado para siempre, recuperar es muy complejo. Te entiendo. Le abracé con mucha ternura y algunas lágrimas salieron de mis ojos. — lo siento hijo para mí es muy difícil esta situación, ya no quiero desconfiar de ti, pero una fuerza interior me hace pensar lo contrario.

— Dame al menos el beneficio de la duda concluí. De pronto una llamada entra a mi teléfono celular y al escuchar la voz que venía del otro lado me quedo impávido y sin saber que decir o que hacer, mi padre grita de manera desesperada— ¿¡Que ocurre¡?

Juan Carlos Rivera

Apasionado por la lectura y la escritura

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