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Una herida que ya no es mortal.

Es una tarde calurosa. Los árboles abandonan su tonalidad verde y adquieren un matiz anaranjado. El aire es denso. El ruido de un horno industrial opaca el débil canto de los pajarillos. Momentos como este, me hacen reflexionar en cuán efímera es la vida, en que nada es eterno y que, somos parte de un ciclo perfecto. Sin embargo, ¿cómo entender eso cuando se es apenas un adolescente que no puede siquiera encontrarse a sí mismo?

Sé que no es excusa, pero, he sufrido bastante.

El hombre que hoy te escribe, es el resultado de interminables horas de angustia y desconsuelo; un hombre que ve en la actualidad, cómo la herida de la traición familiar aún supura.

Déjame contarte, por favor, mi anécdota más dolorosa, hasta el momento:

Transcurría el año 2010. Mamá solicitó, un préstamo bancario y compró un auto. Alcanzó para un Jetta modelo 1997 de color negro. Sin embargo, nunca imaginé que aquel coche, sería el símbolo mortal de lo que sucedería posteriormente.

Papá trabajaba en una industria fabricadora de cerillos y llevaba más de diez años de antigüedad. Era un hombre responsable, justo y amable. Pero, cuando una mujer sin escrúpulos apareció en su vida, hizo que olvidara sus principios. Perdió la cabeza. Se sumergió en el lodo de la infidelidad y la mentira. Y, mamá, con el afán de soportar sola el dolor, me lo ocultó durante algunos meses, hasta que, pasadas las fiestas navideñas, la bomba detonó y tuvo que contármelo.

Mi corazón se rompió en mil pedazos. La imagen que tenía de papá se desmoronaba a pasos agigantados. ¡No lo entendía! ¿Cómo era posible?

Era cierto que las tragedias nunca venían solas. Casi de inmediato mamá enfermó de depresión y tuvo que acudir de urgencia a terapia psiquiátrica. Aquello duró tres años. Fueron días de tristeza. ¡Me dolía ver cómo otros chicos sí podían disfrutar de la compañía de su padre! ¡Llegué a sentir envidia de mis primos, porque ellos sí jugaban con una sonrisa sincera en el rostro!

Me sentía solo.

Divagué sin rumbo durante meses. Caí a abismos inimaginables. Probé drogas. ¡Quería hallar en ellas un abrazo que me regresara el calor que se me negó tiempo atrás, cuando mi familia pareció desintegrarse!

Era como un hombre perdido entre las dunas del desierto. Sediento y a punto de morir. Pero, entonces, Él me rescató… Me hizo ver la vida de otra manera. Solo por Él pude darme cuenta de que, efectivamente, sus tiempos son perfectos. ¡Dios me salvó la vida! Me tendió su mano y me aferré a ella, en compañía de mi madre y mi hermano menor. Solo así vimos la luz en las tinieblas.

Hoy, comprendo que evolucioné gracias a los acontecimientos tormentosos que viví. No sé cómo sería mi vida sin las experiencias ganadas, sin el conocimiento adquirido durante años.

No soy la mejor versión de mí, y quizá esté lejos de serlo, pero, algo es seguro… ¡Soy mejor que ayer, que hace nueve años!

Y si me lo preguntases… Sí. Todavía duele esta herida. No puede desaparecer. Está dentro de mí. Es una de mis marcas. Sin embargo, ya no es mortal. Es solo un recordatorio de que, con ayuda de Dios, se puede triunfar ante cualquier situación.

EmmanuelHLL214

Soy Emmanuel Reyes Pérez, tengo 20 años. Amo escribir. Expresar y transmitir lo que vivo es parte de mi arte. De la mano de Dios, estoy en busca de "la chica misteriosa". ¡Hasta la luna, amigos!

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