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Una conversación fallida.

—Hola ‘apá, ¿cómo amanecen?  —Pregunté en forma animosa esperando no ser inoportuno—, ¿qué tal el frío?

—Pues se siente, es temporada.

— ¿Hace cuánto no vemos las fotos familiares? ¿Me prestas el álbum para echarle un vistazo?

—Tómalas —me confirma a la vez que añade—. Dicen que recordar es volver a vivir pero no es cierto, ya no está tu mamá ni tu hermana.

—Es un decir, obviamente no viviremos físicamente esas épocas pero a nuestras mentes llegan los recuerdos y volvemos a esos espacios que vivimos hace un tiempo. Mira, aquí la foto que me llena de un sentimiento extraño —le digo un tanto sorprendido—. Aquí se ven mi abuelo, mi tía, mi mamá, mi hermana y yo. Soy el único que sobrevivo.

—Así es la vida, hoy estamos mañana no sabemos.

—Estos tubos raros —menciono tomando uno de ellos—, no se volvieron a ver. Pones el ojo en un extremo, apuntas hacia la luz y en el fondo se observa la fotografía. Ahora, ya casi no se imprimen fotos, se toman y se mantienen guardadas digitalmente.

—Esos aparatos que traen ustedes —refiriéndose a los teléfonos inteligentes—, yo no les entiendo ni se para que les ponen tanto. Aquí pasa la vecina con su aparato pegado a la oreja, seguramente tiene muchas cosas que decir.

—Bueno, son útiles —le respondo presumiendo mi habilidad con la tecnología—, yo cargo mis libros, reviso información de mi trabajo, pago mis cuentas y tengo algunas aplicaciones para aprender inglés entre otras cosas.

Después de un rato hablando de las fotos familiares, creo que es el momento oportuno y con la expectativa de no caer en una disputa como ocurrió la última ocasión, tomo el asunto que me aprehende y por fin lo manifiesto.

—Estoy un poco preocupado de tu situación, me asusta que tu tienda se ha quedado prácticamente vacía, no me informas de tus citas médicas y tu problema de salud la última vez te hospitalizaron con la amenaza de una posible diálisis.

—Ya estoy viejo, tú tienes tus ocupaciones, tus problemas, no quiero ocasionar molestias.

—No me causas molestias, recuerda lo que decía el Dr. Genaro, “no es cuantos años vamos a vivir, es cómo los vamos a vivir”

—No te preocupes, ya uno está más pa’llá que pa’cá. No se puede regresar la juventud.

—Quisiera ayudarte, pero honestamente no sé cómo hacerlo, la última vez te negaste a recibir apoyo económico y creo fue mejor porque lo que deposite en tu bolsillo no se reflejó en tu negocio, tu tienda es tu medio de subsistencia y si así continua será mayor la crisis.

—No quiero causar molestias, a mí ya me llevó el agua —contesta en tono ofensivo—, además ya solo sirvo de estorbo y tú tienes gastos con tus hijos y no necesito de tu ayuda.

Su respuesta me entristece, pensé que esta vez la conversación sería diferente. No tomé los puntos donde mi esposa y yo observamos que despilfarró sus bienes comprando ropa y zapatos frecuentemente a la mujer que trajo después de enviudar. A partir de esa época su situación empezó a empeorar y no hemos podido ayudarle al negarse en varias ocasiones. Solo atino en abrazarle fuertemente a la vez que le manifiesto lo mucho que le quiero, mis ojos se humedecen y me retiro sin voltear atrás.

Acerca del autor: José de Jesús Simón Pérez

Soy ávido lector de RIUS (qepd), empecé a leer a Kiyosaky y a Carlos Cuauhtemoc la mayoría de sus libros. Trabajo en EMS como director de plantel y me gusta invitar a las personas a leer.

Vivo con mi linda esposa y mis hijos dos adolescentes universitarios.

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JesusSP21

Soy ávido lector de RIUS (qepd), empecé a leer a Kiyosaky y a Carlos Cuauhtemoc la mayoría de sus libros. Trabajo en EMS como director de plantel y me gusta invitar a las personas a leer.

Vivo con mi linda esposa y mis hijos dos adolescentes universitarios.

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