Una carta para dos – (Conexion)

Las gotas cubrían el suelo de la terraza, mientras el cielo sollozaba una tristeza intermitente, los pájaros trataban de huir y buscar refugio ante lo que aparentemente se tornaba como un huracán; yo me encontraba distraída, perdida entre mis muchos pensamientos, algunos con recuerdos del pasado y otros con el miedo insaciable de no saber en dónde estaré más adelante.

Tu estabas tendido en la cama, jugando con tus dedos y el celular; en cambio yo trataba de tomar las fuerzas necesarias para contarte lo que me estaba ocurriendo, con el paso de los años he perdido la habilidad de comunicarme con otros, me gusta observar y callar, pero me cuesta mucho poder expresar mis sentimientos, dure años enteros sin decir ni una palabra y solo me comunicaba escribiendo, pero nadie leía nada de lo que escribía, así que era imposible que supieran lo que sentía o lo que pasaba por mi mente a temprana edad.

Fueron demasiados años para contarlos, me volví experta mintiendo y engañándome a mí misma, le tengo miedo a casi todo en la vida, y aunque aparente ser totalmente extrovertida, siempre he preferido callar antes de decir como me siento; quizás no comprendas todo lo que te he dicho, pero trato de explicártelo; mis manos tiemblan por completo y siento una punzada que se atraviesa en mi estómago, trato de sonreír, mi sonrisa se torna falsa y mucho más desconcertante para ti, pero evitas preguntar y me jalas de la mano hacia la cama.

Que pensarías si te explico todo lo que he pensado, tal vez creas que estoy loca, o que el demonio de la ansiedad me ha abordado por completo; aun así, empiezo diciendo lo siguiente:

-Hace mucho tiempo he querido hablar contigo sobre algo y no he podido encontrar la manera para decirlo, a lo que respondes con cara desconcertado, tratando de pedir una mayor explicación a lo que quizás sea un caos para ti.

-Amor Quiero decirte que toda la vida he tenido mil demonios con los que he lidiado desde mi infancia, se que al igual que yo comprendes las cicatrices que te dejan una mala infancia.

Mis manos empiezan a sudar, y un nudo en la garganta me impide continuar, trato de respirar tomar aire, y continuo:

-La mente es el órgano más importante del ser humano, ya que este controla todos nuestros organismos, incluso pueden provocar que un corazón con buena salud deje de funcionar; desde pequeña he sufrido de ansiedad y al crecer se convirtió en depresión.

Las lagrimas caen hasta llegar a mi blusa, y empiezo a sentir un gran dolor de cabeza, incluso siento que llego al suelo hasta que toco tu cuerpo y tus brazos tratando de socorrerme.

No puedo continuar de hablar, creo que para entonces podrás adivinar en mi mirada, lo que he tratado de decirte por mucho tiempo, soy débil y demasiado sensible, una palabra podría acabar con mi vida o fortalecerme para ser invencible.

No me atrevo a alzar la vista, porque me da vergüenza decirte que me he intentado suicidar varias veces, yo; alguien a quien admiras y quieres, y en ocasiones veneras, he luchado con el demonio que me atormenta noche y día, que me ataca en momentos difíciles, que me perturba dentro de mis sueños, porque hasta en ellos sueño con él; nunca lo entendí hasta que lo vi por primera vez una noche mientras dormía.

Soñé varias noches con él, me ha visitado algunas veces, solo llega al cuarto y se coloca en frente de mí, me perturba su mirada, el saber que está ahí, su aspecto es maligno, tiene un manto largo, sin mirada, sin cara, es oscuro, y realmente parece un ser de otro mundo, yo me aterro, así que empiezo a orar y orar durante minutos tratando de que ese ser se vaya de mi cuarto, pero en cambio me quedo inmóvil, tratando de despertar, pero no puedo, y me frustra el no poder abrir los ojos.

Un beso me hace olvidar la tristeza de mi corazón, un te amo y un te quiero, me hacen sentir especial, el saber que juntos somos más fuertes.

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Sary Torres Ramos
Author: Sary Torres Ramos

Quien vive soñando, vive creciendo

Sary Torres Ramos

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