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Una buena amiga y un mal amigo

Eran casi las 11 de la noche cuando sonó el teléfono. Se trataba de un mensaje de Yamileth. Un “¿Estás despierto?” bastante familiar apareció en la pantalla. En esa época era común que nos escribiéramos a altas horas de la noche, especialmente si alguno de los dos no podía dormir por alguna situación.

 

Por mi cabeza pasó por un instante que habíamos comentado unas semanas antes que podríamos visitar el parque de Zarcero. Ella no conocía el lugar, y tenía mucho interés por ir. Repentinamente tuve la certeza que me estaba escribiendo para que hiciéramos el paseo. Respondí su mensaje y unos minutos después estábamos planificando el viaje. Me sentía divertido y alegre por la situación.

Como estábamos de vacaciones de la universidad decidimos salir al día siguiente, temprano. Nos encontramos en San José, y fuimos a tomar el autobús. El viaje era un poco largo, por lo que hablamos mucho, y a ratos escuchamos música.

Yo conocía el parque al que nos dirigíamos, pero lo había visitado cuando era un niño. Solamente podía recordar que había figuras de animales esculpidas en los árboles. No conocía los alrededores del parque, así que era un poco como ir a ciegas. Nos bajamos del autobús y caminamos. El pueblo no es muy grande, así que llegamos pronto. Me sentía alegre de poder hacer ese viaje, el sitio era realmente hermoso.

A Yamileth le gustaron mucho las figuras de los árboles, aunque el sitio era más pequeño de lo que yo recordaba, lo que me hizo sentir un poco mal. Al cabo de unos 30 minutos ya habíamos visto todo, y no había otros sitios de interés en el pueblo… Vagamos un poco por los alrededores, y finalmente decidimos regresar. Como íbamos a llegar más temprano de lo que esperábamos, pensamos en pasar al cine.

En el camino de regreso le comenté que, al ver su mensaje la noche anterior, adiviné que ella me iba proponer ese paseo. Le hizo gracia. Por mi parte me resultaba muy curioso que estuviéramos conectados al punto de poder saber el motivo de su mensaje con el simple hecho de verlo.

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Vamos caminando después de la salida de la escuela. Miguel y yo hablamos de videojuegos, enumerando cada uno los que tiene. Dice que está aburrido, ya terminó todos los suyos, y ahora tiene que esperar hasta navidad para que le traigan unos nuevos.

Luego de un rato de silencio se vuelve y me propone que intercambiemos juegos. Está muy interesado en uno que nos trajeron a mí y a mis hermanos en la navidad anterior. Eso me pasa por hablar con mucho entusiasmo acerca de este juego, ahora hay alguien que lo quiere. Noto que no especifica ningún plazo para regresar los juegos.

La verdad no agrada. He visto algunos de sus juegos, y los tiene muy maltratados. Y lo que es peor, el que me ofrece a cambio del mío ni siquiera es de él. Además, es un juego que no me interesa.

Rechazo la propuesta, y él insiste. Nuevamente le digo que no. No deja de darme razones por las que debería aceptar su propuesta. Sigo diciéndole que no. Finalmente acepta mi negativa y se despide. Veremos si la próxima vez vuelve a insistir.

Hoy hemos tomado el autobús. Han pasado algunos días desde que Miguel me propuso el intercambio de juegos. Lleva varios días apenas hablándome, por lo que se ha sentado con otro muchacho que no conozco. De pronto, entre todas las personas que hablan alrededor lo escucho hablando mal de mí por no haber aceptado el cambio. Estoy bastante cerca, y lo escucho con claridad. Me siento traicionado. ¿Qué clase de amigo es? Volteo y lo observo. Él sabe que lo estoy escuchando y me sostiene la mirada. No le importa que yo lo escuche. Me doy cuenta no puedo confiar en él. ¿Qué es lo que le sucede?

Javier P Rodriguez

Soy ingeniero, aficionado a la tecnología y a la literatura.

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