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UN MUNDO SIN ESTRELLAS

 

Tengo un vacío dentro de mi pecho del tamaño del universo que me derrumba cuando creo estar bien, que me quita el sueño por las noches, gritándome en silencio que nada lo está. Mi otro ser, aquel que también se hace llamar alma, está desesperado de algo y sospecho saber de qué. Esta cavidad crece a causa de mis propias decisiones, pues se alimenta de mi debilidad, la cual me lleva a un mar de aflicción, en donde me veo cada vez más hundido.

Me he dado cuenta que nadie habla de esto. Las personas aparentan y viven su vida de manera superficial, pero sé que por las noches su vacío también les grita. Viven como marionetas de sí mismos; mecanizados por sus ataduras. Quieren ser libres de sus tormentos, pero no saben cómo. Necesitan paz, sin embargo se callan, porque no está permitido hablar de esto.

Pero yo sé que el vacío en mi pecho tiene nombre propio. Esa cavidad fría y oscura, solo puede ser llenada por Él. Mis sospechas son confirmadas cuando sobre mi cama pido su ayuda y llega en forma de viento cálido, albergándose junto a mi espíritu. Sé que no hay placer que pueda superarlo y por eso lo abrazo para que se quede conmigo.

El mar de los espíritus cautivos no puede contenerse ante su llegada; prefiere liberarme. Yo solo caigo de rodillas, suplicando su perdón y entregándole lo único que tengo para dar: mi corazón herido. Él me mira sonriendo, sabe que he descubierto el secreto que las almas vacías desconocen. Entonces me levanta y en su abrazo se transforma nuevamente como el viento cálido, llenando mi oscuro universo con aquella luz que es semejante a un millón de estrellas.

 

—Rony Ríos.

UN MUNDO SIN ESTRELLAS

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