Saltear al contenido principal

Tiempos

  1. Anécdota en pasado con mi mejor amiga .

Libretas

Hay películas que, al descubrirlas, deseamos ver con determinada persona. Me ocurre con frecuencia, tengo amigos tan diversos como la cartelera del cine local, así que los cupones de 2×1 son siempre bien recibidos y aprovechados, en especial los miércoles de descuento.

Cuando leí que se llevaba a la pantalla “Dios no está muerto” me anoté la fecha de estreno y llamé enseguida a Melissa. Por supuesto, aceptó acompañarme. El día acordado entramos a la sala expectantes. Detrás de nosotras había un grupo de chicas que comenzaron a patear los asientos y después a arrojarnos palomitas.

Melissa me pidió que hiciera algo. Reí a mis adentros… no soy una persona que imponga, precisamente. Pero ella me lo había pedido, decidí ser amable con las irritantes adolescentes antes de que mi amiga se fastidiase y les lanzase el refresco a la cara. Si la idea había cruzado por mi cabeza, no cabe duda de que ella habría podido ejecutar la acción.

Al final una anciana se me adelantó. Después de aquél sermón las chicas permanecieron en silencio y nosotras disfrutamos la función. Lo recuerdo con claridad, porque ese día algo importante ocurrió, al salir de aquella sala.

Nos embriagaba el entusiasmo. Entramos a la tienda más cercana y compramos un par de cuadernos. El mío decorado con un pastel y el de ella con un búho. Escribimos en los diarios por primera vez en Mayo de 2014, terminándolos en Febrero de 2016, cuando las páginas se agotaron.

Fue un curso intensivo de escritura, además de un ejercicio que nos unió de forma especial. Es increíble la cantidad de historias, recuerdos y anécdotas que pueden quedar registradas en 100 páginas. Admito que desprenderme de aquél cuaderno fue doloroso, pero, como escribí en aquella primera página : Las cartas tienen un dueño, un destinatario, la libreta dejó de pertenecerme en el instante en que coloqué la primera fecha con tinta negra.

  1. En presente, una experiencia desagradable con alguien a quien consideraba un amigo.

Llamada Nocturna

Las luces están apagadas, me siento agotada después de un día de trabajo, pero el teléfono a comenzado a sonar. Lo había conectado en la esquina opuesta de la habitación para evitar utilizarlo a éstas horas, pero no puedo resistir la tentación y me acerco a revisar el contacto: Edgar. Me da un vuelco el corazón, se me revuelve el estómago.

No debería responder llamadas de chicos, el reloj marca media noche… pero, debe ser algo importante, de otro modo esperaría a la mañana.

—¡Hola Edgar, que extrañas horas para llamar! ¿Pasó algo?  —escucho sollozos entrecortados. Siento miedo, nunca había ocurrido algo así con él.

—¿Por qué estás llorando?

—Quiero contarte, pero después ya no querrás hablarme ni verme.

—Eso es absurdo —el corazón me late a mil por hora mientras espero sus palabras.

—Te mentí, no soy la persona que piensas que soy, dije todas las cosas que querías escuchar para poder acercarme, para que me aceptaras  —intento procesar sus palabras, es demasiado, habla con prisas, como si hubiese practicado el discurso—  cuando me di cuenta de que había dado resultado, comencé a sentirme culpable, porque todo era una mentira…

—No te entiendo, ¿a qué mentiras te refieres?  —no puede ser nada grave, de seguro se trata de un simple malentendido.

—No compongo canciones, por ejemplo  —se me llenan los ojos de agua. No puedo evitarlo, semanas atrás me había dedicado un par de canciones, supuestamente compuestas por él— cuando me pediste que te ayudase a componer entré en pánico, no sabía como explicarte que todas las canciones que te he compartido en realidad son de otra persona… ¿Sigues allí?

—¿Qué otras mentiras?

—Los libros que te dije haber leído, lo hice para tener algo en común. En realidad no soy buen lector, ¡Ni buen deportista!, sólo entreno porque mis padres me piden hacerlo, pero no me gusta, creo que pronto voy a dejarlo…  —no entiendo nada. Siento las mejillas calientes, me duele un poco la cabeza, estoy dando vueltas por toda la habitación y las palabras de Edgar parecen lejanas. No se detiene, pero he escuchado bastante como para comprender su punto. Es un desconocido, me mintió durante meses, de pronto todo le estalló en la cara.

—¿Estás enojada?  —la pregunta es absurda, debo hacer uso de toda mi fuerza de voluntad para no colgar la llamada en éste instante.

—¿Por qué mentiste?

—Porque tu… me gustabas, y me parecías inalcanzable  —quiero decirle muchas cosas, pero lo único que acierto a comprender es que he perdido un amigo… ¿He perdido un amigo? ¿Alguna vez lo fuimos? Apenas puedo digerir lo que acaba de compartirme.

—No sé que decirte, llámame mañana —. Es la primera vez que le hablo en éste tono, pero estoy a punto de estallar. No advierto el momento en que presiono “Finalizar llamada”. Ahora me deslizo en la cama, no puedo pensar, siento un extraño vacío.

Literary_Pau

Mi canal de YouTube y página en Facebook se llaman Literary Compass. Soy BookTuber y promotora de lectura. Mi lema es: El mundo está hecho de historias.

Volver arriba