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TIEMPO VERBAL RETO 15

PASADO

 

El sol estaba en su apogeo y la ciudad transitada aquella tarde quince de septiembre, cuando tomé el autobús para llegar hasta ella, eran doscientos kilómetros de distancia los que nos separaban y, que fueron desapareciendo, uno a uno hasta que llegué a la iglesia de su pueblo, ese lugar, dónde diez años atrás la vi por primera vez.

Subí las gradas lentamente recordando todo lo que ella era para mí, y lo mucho que me había enseñado, comencé a buscarla en cada rostro de las personas que estaban ahí, y sin respuesta alguna encendí mi celular para llamarle, no me hizo esperar, cuando supo que yo estaba en su pueblo, y con disposición inmediata llegó.

Me perdí por un momento cuando la estreche entre mis brazos, sin saber que era la última vez que la vería, siempre la consideré como mi mejor amiga, mi fiel, yo le decía.

¡Sí! Me perdí por un momento entre sus brazos, porque para mí era más que una amiga. – Me siento importante en tu vida- me dijo un par de días después, – lo eres- le contesté y siempre pediré a Dios por ti. Seguí conversando con ella por dos semanas más, hasta el final del mes, fue  cuando recibí la mala noticia que entristeció mi alma, la mujer, que caminó conmigo en la distancia, había partido en un accidente para nunca más volver.

PRESENTE

Estoy quince minutos antes de lo acordado, en la puerta de su casa, taco el timbre, pero nadie sale, miro por largo rato el jardín para distraerme en el tiempo, pero Jesús no llega, media hora después me retiro defraudado del hombre, que dice ser mi amigo y sin embargo, me miente una vez más. Camino a casa, molesto y desganado, sin ánimos de mirar atrás, escucho pasos, y de pronto, alguien toca mi hombro, – ¡ah! Hola- me saluda Alejandra. -¡hola!- le respondo. -¡oh! ¿Buscas a Jesús? Me pregunta con el ceño un poco fruncido, con un mal presentimiento tardo en contestar, -¡sí!- por fin escucha mi afirmación y me da la mala noticia; ya se fue a vivir a otra ciudad.

Sigo caminando, escucho nuevamente pasos, me detengo, y miro hacia tras, es un perro vagabundo que pasa a mi lado, triste con la cabeza agachada, lo imito, o me imita, pero juntos seguimos caminando, con la noticia desagradable que Alejandra me dió.  Jesús, ya no es mi amigo, se llevó mi dinero, una persona que roba y miente no merece mi amistad.

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