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¿Té o café?

Para comenzar hablaré de la manera en la que tus pequeños ojos achocolatados fueron el motivo de este escrito.

¿Gustas un té para leerme un rato, o prefieres un café por si decides acompañarme toda la vida?

Puedes tomar asiento a un lado mío, esta banca siempre ha esperado tu compañía, te he dejado el mejor ángulo de ella. Si levantas tu mirada unos centímetros, puedes observar como se ve la gran ciudad bajo la luz de la luna, edificios, casas, algunas en vela, otras con las luces apagadas, pareciendo a la distancia pequeñas luciérnagas inmóviles. Si miras al cielo hacia el lado derecho, podrás darte cuenta de lo hermosa que es la luna sobre todo en el mes de octubre, custodiada de las brillantes estrellas. Si pones atención a los sonidos, se escucha como silva el viento, acompañado del movimiento desordenado de las hojas de los árboles, como si en conjunto hicieran una música de fondo anunciando la apertura de aquel lugar donde florecen los sentimientos.

Durante estos días me he asignado la tarea de empezar a conocerte, vi algo diferente en ti, quizá sea la luz que emana tu sonrisa o tal vez el brillo que aparece en tu mirada cuando las cosas se tornan diferentes a lo que esperabas. Si tuviera que decidir entre una u otra, entraría en un gran dilema, porque no sé cuál de tus dos expresiones me gusta más, si cuando sientes la inmensidad del mundo en tus manos o cuando descubres lo pequeño que eres ante él.

Ese dilema fue la principal causa de acercarme a ti. Pero no fue la única, sin embargo, las demás razones dejaré que tú las descubras en el caso que no comprendas a cuáles atributos tuyos me refiero. Si sabes de cuales hablo supongo que ya tienes una idea más clara del por qué eres el protagonista de este escrito.

Quizá te preguntaras el por qué escribo un texto hablando sobre tu mirada, tu sonrisa o el conjunto de dilemas que puedes llegar a ser, cuando lo único que sé con certeza es tu nombre… La respuesta es sencilla de explicar, aunque desconozco qué tan fácil te resulte entenderla.

Me inspiras, con éstas dos palabras definiría este sentimiento. El conjunto de la profundidad de tu mirada combinada con la luz de tu sonrisa hace revolucionar cada neurona, cada latido, como si estas dos al momento de agruparse crearan una hermosa melodía capaz de interpretarla solo dos personas.

El viento deja de soplar, la música que se producía se detuvo lentamente para darle lugar a una corriente de frío abrazadora que recorre cada milímetro del cuerpo, como si el frío hiciera todo lo posible por congelar aquel pequeño lugar del corazón donde habitan los sentimientos, como si después de todo lo que ha sufrido, no haya sido suficiente. Aunque para algunos el frío sirve para tener compañía, para otros podría significar el principio de la soledad.

Quiero confesarte que antes de ti, la soledad se instaló en mi corazón llegando al punto de llamarlo hogar. Cada vez que esta tenía oportunidad, aparecía llenando hojas completas de alguna libreta, algunas veces las palabras plasmadas hacían referencia sobre las ventajas de ser cercana a ella, otros textos en cambió, explicaban lo triste que resultaba cuando una persona adquiría un rango importante en mi corazón y un tiempo después desaparecía de mi vida completamente, como si el destino no estuviera de acuerdo con tener a alguien de compañía.

Con cada despedida sentía como mi corazón se iba tornando un poco más frío, el ritmo que llevaba naturalmente cambiaba a uno más pausado, lento y menos entusiasta, como si con cada latido que este ejerciera, hiciera que disminuyera gradualmente la esperanza.

Pero todo cambió cuando te conocí, gracias a ese sentimiento que provocas en mí, veo como la soledad va tomando sus cosas alejándose lenta y sigilosamente por la puerta de salida, para ella las despedidas también son tristes, aunque fue una gran compañera sabe que en este corazón por el momento no es bienvenida.

La corriente de frío desaparece y los sonidos de la noche se hacen presentes anunciando el final de mi escrito, acompañado de varios grillos, algunos sonidos de la ciudad y el ritmo de mi corazón acelerado, se escucha como viento silva produciendo una melodía casi instantánea, que termina unos segundos después, otorgándome la palabra.

El propósito de abrirte mi corazón contándote sobre la manera en la que haz desalojado la soledad de mi vida, es con la intención de que quieras ocupar aquel cálido lugar cercano a mí, que ha esperado tanto tiempo para ser habitado por ti, donde en mis escritos tu eres la principal fuente de inspiración, y aspiración. Sin embargo, me encantaría proporcionarte las diversas ventajas de conocerme, pero siendo yo la que escribe y tú el que lees, solo te diré que, aunque pueda tener un numero de defectos que quizá sea incontable o tienda al infinito, me gusta querer como se quería a la antigua, donde el amor era lo más cercano a ser verdadero, espero que eso esté a tu favor.

Dicen que los escritores tienen el don de enamorar alguien sin siquiera tocarlo, y espero que esto esté a mi favor.

Judith Martínez

Habrá quien abra tus sobres
y habrá quien lea tus letras.

Habrá quien te busque
y habrá quien te encuentre.

Y, lejos de todos,
habrá quien nunca te encuentre,
nunca te busque,
nunca te lea,
nunca te espere,
y siempre te inspire...

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