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«Sus ojos»

“Sus ojos”

A Nancy

En muchas personas existe la creencia arraigada de que el amor se presenta con grandes fuegos artificiales. Yo creo que es un mito y que es en los pequeños instantes en donde aparece con toda su intensidad.

Yo trabaja en un restaurante más o menos lujoso de la Roma una colonia de gente de dinero en mi ciudad. No era el mejor trabajo del mundo, pero a mi edad no había muchas opciones y menos en una gran ciudad como ésta donde nací.

SIRLON era tan exclusivo que sólo atendía de martes a domingo y por lo regular había que hacer reservación para comer y cenar en un lugar tan exclusivo que abría sus puertas de 1:00 pm a 1:00 am para deleitar a los comensales con los platillos más caros y exquisitos de la ciudad.

En los 5 años que trabajé en este lugar mi vida era una hermosa rutina pues, aunque mis actividades eran las mismas día tras días no la pasaba tan mal. Puede decir que fui fiel testigo de acontecimientos de lo más hermosos y lo más tristes, Graduaciones, Entregas de anillos de compromiso donde un servidor fue parte del elenco del planeado momento y también corazones rotos tras una despedida o aquel hombre o aquella mujer que nunca llegó.

Un día apareció ella, creí que era esposa de un comensal, al que yo conocía, y con el que platicaba muy a gusto muestras él degustaba una botella de vino tinto reserva de 1979 de lo más costoso

– Don Carlos, mucho gusto. Su esposa supongo

Ella sonrió y contestó

– No, soy Karla acabo de entrar a trabajar aquí, tengo 15 años trabajando en este restaurante sólo que yo estaba en el de Puerto y me cambie para esta ciudad y…

Me presente de inmediato extendiendo firmemente mi mano

– Soy Enrique tengo como 5 años aquí nunca te había visto je je.

Ella tenía una tierna mirada y una personalidad que cautivaba por ser un enigma

¿Quién era Karla?…

Nunca contaba nada de su vida, aunque parecía ser de esas personas que conversaban con todo mundo. Después supe que su filosofía de vida era que “Uno debía desayunar con el enemigo si eran necesario y que más valía la diplomacia y la estrategia que el orgullo”. Nuca hizo evidente con quien enemistaba.

Tenía una belleza que causaba envidia, no solo por su atractivo físico sino por su increíble capacidad para empatizar y caerle bien a los comensales que la conocían, incluso si eran mujeres. Nunca vi una queja contra ella y fueron pocos los comentarios negativos de parte de sus compañeros.

Siempre tuve ganas de hablarle, porque de verdad me gustaba mucho y fue incidental la forma en que empecé a conocer a ese hermoso ser humano que era Karla.

Yo debía salir del trabajo cerca de las 11:30 pm para llegar a tomar el último camión que salía a las 11:45 pm de la parada que estaba a más de dos cuadras para hacer cerca de una hora para llegar a mi casa. Un domingo el trabajo se retrasó y salí cerca de las 12:20 am

– ¿Dónde encontraría un taxi en esas solitarias calles?

En eso en medio de la solitaria noche un auto se detuvo frente a la parada, era ella.

– ¿A dónde vas?

– ¡Uyy!! Voy para la Lindavista

– ¡Sube voy para Arcadía me queda de paso!

Esa noche comenzó una amistad entre los dos. Nunca me anime a decirle lo que sentía por ella.

Salimos a muchos lugares que nos permitía el escaso tiempo de la noche o los raros días que teníamos libres, pero ella hacia que las cosas más simples fueran inolvidables y eso hacía que me enamora cada día más de ella.

Teatros, cafés, la mudanza de su antigua casa y ese viaje que hicimos para recorrer varios de los SIRLON de la ciudad en un asunto de trabajo que se convirtió en una verdadera travesía

Meses después llegó ese día 23 de abril de 2010, un día como cualquier otro. Subía a su auto y la observe detenidamente mientras ella estaba absorta en su pensamiento, lo había decidido Mañana sería el día que me arriesgaría a apostarlo todo, pensaba mil y un maneras diferentes de decírselo y como decírselo.

– ¡Listo! Llegamos a tu casa

– ¿Entonces nos vemos mañana? Pregunte

– Sí, como siempre ya sabes

– Hasta mañana

– Hasta mañana

Bajé del auto y parado ahí afuera de mi casa en medio de la solitaria noche vi su auto alejarse como tantas veces.

Sería la última vez que la vería

Acostado en mi cama comencé en ensoñaciones a recordar esos pequeños grandes instantes con ella, en medio del silencio, en aquella tarde que vi sus ojos mientras su pelo ondeaba al viento teniendo de fondo aquel paraje del atardecer en esa carretera solitaria.

Esa noche recibí la llamada del Padre Eterno que me envolvió con una intensa luz blanca de indescriptible paz.

comunicologia

Maestro de Español en Secundaría Pública interesado en ver sus intereses para mejorar mi comunicación con mis alumnos

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