Soñando en regresar

Llevaba alrededor de tres años laborando en una empresa promotora de bienes y raíces. En mi departamento, habíamos tres personas en diferentes cargos.

Yo me desempeñaba como arquitecto, otro era Ingeniero Civil y, por último, el Gerente de Proyectos. Este último, era la mano derecha de la Gerente general quien lo había puesto por encima de nosotros, sin importarle que no tuviese título universitario; y en mi país, para ejercer puestos de este tipo, se requería tener una licencia de idoneidad.

Por otro lado, mi amigo el Gerente apadrinaba al Ingeniero y, ellos dos, eran quienes recibían los mejores beneficios y la preferencia en todo.

A mí siempre trataban de hacerme la cama, poniéndome en situaciones y en encrucijadas, que atentaban mi estabilidad familiar, emocional y mental.

Esta vez no era la excepción, surgió un nuevo proyecto fuera de la ciudad. Por obvias razones, nadie quería salir de su zona de confort, por lo cual, hicieron un consenso y me informaron que iba a tener que irme a otra provincia, lejos de mi familia; sólo podría regresar a verlos los fines de semana, por cuestión de la distancia a la que se encontraba el proyecto.

Me sentí muy mal, en mi interior había un conflicto de intereses. ¿Y ahora qué hago?  ¿asumo el reto?, es mi oportunidad para demostrar que, más que un daño, es un bien lo que me han hecho. Soy un luchador. Todos los ataques, los he sabido convertir en oportunidades grandiosas. Cada vez que se erigen esas grandes y majestuosas estructuras, pensadas, plasmadas y dirigidas por mí, demuestro mi gran capacidad. A diferencia de otros, que solo se valen de poner zancadillas para sobresalir de los demás. Por otro lado, me enfrentaba a la cara opuesta de la moneda ¿Qué haré cada vez que tenga que irme?  ¿decir adiós a mis dos razones de vivir? Aunque será por poco tiempo dejará, en ellos y en mí, un amargo sentimiento y un gran vacío en el corazón.

Al final, quiero decirte, que asumí el reto apoyado por mi hermosa familia. Realicé el proyecto y demostré de lo que fui, soy y seré capaz.

A mis hijos les hice una canción para que, en mi ausencia, la escucharan todas las noches al dormir; el coro decía así:

 

“La distancia ya no existirá, si dentro de su corazón estoy.

Cada vez que miro al cielo, en cada estrella veo sus rostros.

Y en la distancia, papá los abrazara, soñando en regresar”.

 

Nunca te rindas. Convierte siempre los limones, que otros te dan, en una refrescante limonada.

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