Siempre Habrá Un Momento Exacto (Amigo Eduardo B.)

 

Llueve fuerte y hace frío. Una y otra vez, respiro como si pudiese tomar todo el aire del mundo. ¡Ja! Rebobino mis recuerdos y me introduzco en el momento exacto donde la percepción de lo bueno, cambió un poco para mí. Desde entonces todo en mi vida se hizo intrigante y algo oscuro.

Vengo de una familia de padres divorciados, como puedes entender, disfuncionales. Pero, cabe resaltar, querido amigo, que tienen puntos de vistas muy poco distintos. Realmente podría decirte que, a pesar del dolor, son muy iguales. Ambos, personajes geniales, con coeficientes intelectuales elevados. Es decir, de inteligencias múltiples. Provienen de hogares muy lastimados, maltratados y atrapados por las malas decisiones de sus padres…

Ellos decidieron establecer una relación y así iniciaron una vida juntos, pasando por muchos problemas, sinsabores, dolores, pero con la ilusión de lo que imaginaron que sería una buena vida juntos. Así inicia esta historia que me trajo a la vida.

Dos hijos nacimos de su matrimonio: una hermosa niña que ahora es mujer de treinta años y madre de tres preciosos niños; mis amados sobrinos. Y también yo, cinco años más tarde. Un niño muy tierno, ahora completamente adulto y con veintiséis años de edad. Aunque alegre, pero resolviendo mis problemas de una infancia golpeada.

A mis cinco años de edad, en la época de los noventa, ocurrió el acto más impactante y triste de mi niñez. De madrugada (esperando no equivocarme), un sábado de fin de semana; ocurrió el evento que marcó mi vida y opacó la realidad por muchos años. Antes de partir hacia la playa a un viaje con nuestra madre, fuimos despertados por ruidos fuertes, gritos y un ambiente de enorme presión. Mi padre abalanzándose contra mi madre ¡Qué escenario tan cruel! Dos pequeños en medio, siendo empujados por la ira y fuerza de aquel, nuestro héroe. Mamá se mostraba fuerte, miraba con mucha firmeza y temple, frente a frente, pero con miedo. Sin embargo, su fuerza, éramos nosotros dos.

 Aquella pequeña niña mira la escena de mi padre poniendo su frente contra la de mi madre. Eso, amigo mío, despertó su coraje. Siendo escupida mamá en el rostro, luego de haber recibido improperios, mi pequeña hermana, escupió el rostro de papá en señal de odio, dolor y total decepción. Yo, aun siendo muy pequeño, estaba tirado en el piso, mirando fijamente a mi padre, luego de haber sido azotado por su forcejeo contra mamá.  Estaba lleno de ira y dolor, con miles de lágrimas brotando de mis ojos café, queriendo gritarle a papá ¡detente!, pero con tanto miedo que no podía ni siquiera hablar.

 La angustia dentro de mí, fue como fuego ardiente en todo mi cuerpo. Un sentimiento nuevo y muy extraño estaba tomando control de mí; ese sentimiento de ira cual llama, que con el viento se fortalece y crece, estaba consumiendo todos los lindos recuerdos. Mi memoria deseaba ser reemplazada con inmediatez. Dios sabe que no podía con tanta impotencia.

Silencié mi sentir. No pude hablar por sentirme indefenso e inofensivo. Opté por temblar y maldecir en mi cabeza, sin tener control alguno. Era la contradicción de mi admiración hacia mi héroe, contra la decepción que causó estragos y un marcado sufrimiento por abandono. Sentí desinterés por el perdón.

 Aquella madrugada nació dentro de mí, un sentimiento de culpa que me carcomía. Una rabia que envenenaba mi corazón y un sinsabor que me hizo apático, ante todo.

Crecí con temores y fui durante muchos años bastante retraído, hasta que llegó la etapa en que todo el sentimiento guardado, ya no pudo esconderse más.

 Me entregué a vicios y poco a poco, me rebelaba contra toda autoridad. Quería hacer tanto como quisiera, aún cuando se trataba de ser contrario a los buenos consejos y llamados de atención de mi madre.

 Eduardo, mi buen amigo… Las malas decisiones me llevaron a caer más y más hondo. Me fui de casa a los veintiún años y duré fuera, casi dos. Hasta que regresé mil veces más destruido. Arrastrado y lastimado, herido y sin fuerzas; estaba desvalido.

 La vida me azotó fuerte y al tocar fondo, rogué a Dios por un milagro y Él, me presentó el grato el perdón.  

Después de aquella traumática madrugada, el héroe cobarde se retiró, llevándose todo de casa y dejándonos sin nada.

Esa madre llena de coraje y valor, siguió adelante sin dudar.

 Fueron muchos los años que viví repitiendo ese acto de reprimir mi ira por sentirme impotente, hasta llenar todo mi cuerpo, volviéndose frasco sin más espacio. Así la ira nunca se iba, pero al crecer, me hizo libre de estallar con demasiada fuerza.

Luego de reconocer el daño que yo mismo me hacía, busqué ayuda y pedí auxilio.

A través del camino de la vida, tendí a caerme una y otra vez. Culpé a otros por mis malas decisiones y me rebelé contra todo. No tenía herramientas. Nadie me las había enseñado porque yo no quería aceptar lo que, para mí, era la lástima de otros, sentida hacia mi dolor. Creí no necesitar nada, pero siempre llega un momento único, especial, preparado. Un momento exacto dado por el Creador. Ese breve instante en el que sientes que una venda se cae de tu rostro; deja de tapar tus ojos y permite a tu ser, encontrar el camino. Ese momento me mostró cómo aceptar que solamente yo, era quien podía cambiar la historia, mejorar mi vida y hacerme cargo de mis actos. En ese instante encontré nuevas oportunidades y salí a lograr mis objetivos. Vencí el pasado y empecé a construir un futuro libre de culpas. Lleno de actitud, reconociendo que soy un superviviente.

No todo es malo en las tragedias, la verdad, es que ellas, son pruebas a superar por los más valientes. Y quien acepta su pasado, aprende a perdonar; y quien perdona, aprende a disfrutar el don de vivir, de vivir bien.

 

 

-Dhierich Jarwell

Dhierich Jarwell Valderrama Núñez
Author: Dhierich Jarwell Valderrama Núñez

Vive el hoy. Mañana no es vida.

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Dhierich Jarwell Valderrama Núñez

Vive el hoy. Mañana no es vida.

Esta entrada tiene 4 comentarios

  1. Salma

    Muchas gracias por compartir tu escrito. Me gusta tu redacción y creo que logras transmitir muy bien una experiencia muy personal e íntima fuerte. Y también me gusta que al final no sólo muestras tu fortaleza y valor para enfrentarla, sino que invitas y motivas al lector.

  2. romina

    Ya tienes la inspiración, pero no te quedes solo en ella. Falta trabajo de taller, de lectura, corrección, de buscar la fluidez en el texto y que todo lo que no le aporte, aunque suene bien, se quite.

  3. burgos2099

    Amigo, es un gran texto. Me alegra saber que te has logrado sobreponer de un pasado tan abrupto. Eres una gran persona, no cabe duda de que las adversidades fortalecen. Nuevamente un gran abrazo.

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