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Sentimientos

20 de enero de 2018, 10:30 p.m.

Una vez más las lágrimas no hacen más que caer por mis mejillas, te amo, y no he podido decírtelo. Hemos pasado por mucho, 3 años como amigos, 1 año y un mes de novios, 2 meses separados por mi error, y ahora 2 meses como novios otra vez.

El aire una vez más se encuentra inquieto, incluso puede decirse que enojado —no sé si contigo o conmigo, o incluso ese aire puedo ser yo—; silba con tal estruendo que hasta parece que protesta, el viento conjuga versos sofocados, pero audibles.

Desde ayer estoy un poco enojada y dolida contigo, pero, estoy segura que todo fue un mal entendido, o eso me pareció cuando me contaste por qué no contestabas mi mensaje, pero, no sé por qué sigo así, aún tengo muchas ganas de llorar y gritar, pero trato de no pensar en eso.

Mi mirada se centra en la laptop que tengo frente de mí unos instantes; en la pantalla se encuentra abierto el videojuego de Disney, “Frozen Free ball: Snowball fight”, en Steam —ya sabes, como toda la fanática de Disney que soy. Ana trata de llamar mi atención, indicándome la pieza que debo mover, pero sigo sin prestarle atención, mis ojos cambian de dirección y se posan en mi teléfono celular, pero tampoco logran distraerme, decido mirar a la izquierda, sobre un mueble se encuentra el actual libro que estoy leyendo; Los que vivimos de Ayn Rand, habla de la Rusia soviética, una novela realmente interesante, tal vez debería ponerme a leer… pero decido no hacerlo, mi hermana de 16 años intercambia una oraciones conmigo sobre Harry Potter, pero de nuevo regreso al plano en el que me encuentro, te recuerdo a ti, tu cara, tu voz, tus brazos, últimamente me pasa que a pesar de tener una gran compañía a mi alrededor, no es suficiente.

Te he confesado que he quedado un poco lastimada, nuestra separación ha sido de las cosas más difíciles para mí. Viví una soledad que no creí experimentar, he pasado por diferentes tipos de soledad, pero la tuya… la tuya fue asfixiante, lloraba mucho por no tenerte a mi lado, tenía frío en donde irradiaba el sol con sus rayos reconfortantes, había lágrimas en donde debieran haber risas, recordaba tus bonitas palabras e inevitablemente te extrañaba con todo mi corazón.

Esos dos meses me parecieron dos años, o incluso más, te tenía al alcance de mis dedos pero no podía tocarte, mi mundo lleno de luz y confort se fue abajo aquel día que nos separamos, por más que te llamaba sentía como si me fuera quedando atrás, como si no pudiera alcanzarte, había obstáculos obscuros que se erigían como montañas y no me dejaban acercarme a ti, pero, a pesar de todo, ambos seguíamos ahí, pero no era suficiente, estábamos juntos sin estarlo, estábamos presentes pero inertes.

Esta soledad fue como un proceso, muy doloroso, pero creo que necesario a fin de cuentas. Intentamos ser amigos, y lo fuimos, después de novios pasamos a ser mejores amigos, pero, la soledad seguía ahí, nos rodeaba como un manto, nos situaba en nuestra realidad, nos alejaba y nos unía más, luchamos contra esa soledad; no podíamos dejar de vernos, no queríamos dejar de vernos, pero, había un abismo entre nosotros, había soledad y por esto mismo me culpaba sin misericordia por ese craso error que cometí, pero me perdonaste, y ahora estamos juntos de nuevo, más fuertes y más unidos.

Hago que mis ojos vuelvan a la vida y salgan de mi mente, sigo recorriendo con la mirada la mesa; aún con mantel de navidad sobre ella —lleno de guirnaldas y piñas verdes, unas cuantas cerezas rojas y un fondo blanco—, tal vez debería recoger la mesa, está llena de cosas, un galón de jugo de naranja vacío, una planta de adorno, una bolsa blanca de plástico —de las que se usan para el mandado—; el café y la azúcar en pareja en una esquina, y más cosas que no llaman mi atención.

Tengo tantas ganas de estar en estos momentos contigo, al parecer ya se me paso el enojo. Pero, no puedo verte hoy, estás trabajando y yo mañana voy a la escuela temprano. Sinceramente, nunca pensé que tú y yo estaríamos juntos, ciertamente no lo creí posible… me lastimas, te lastimo; aunque no queramos, al parecer así es el amor.

Te amo demasiado, y debo de confesarte que tengo un gran miedo, miedo a sentir —tú sabes lo mala que soy con los sentimientos, para expresarme, sólo lo logro a través de las letras—; tengo miedo a que seas necesario en mi vida, miedo a perderte, miedo a lastimarte, miedo a no sé a cuántas cosas o sentimientos.

Realmente esto es difícil, no es como antes, tal vez, sólo algo es como antes; mi amor por ti, aunque creo que ahora te amo más que antes.

Me arden los ojos —supongo que por tantas lágrimas, también me duele la cabeza y tengo frío —sí estuvieras aquí estoy segura que me rodearías con tus brazos para que dejará de tenerlo—, siento como mi piel se eriza al contacto del fresco aire invernal que inunda la estancia.

Una canción coreana llega a mis oídos, se trata de mi hermanita de 10 años que está viendo un drama coreano, mi hermana vuelve a platicar un rato conmigo, es muy amena la plática…

Muchas sensaciones me inundan y recorren todo mi cuerpo, es como un océano abierto, con olas en forma de dudas, pero a la vez ondas llenas de esperanzas, me siento como una surfista que debe montar esas olas y dominarlas, y aunque me caiga, debo levantarme y volver a la lucha…

Quiero invitarte a conocerme mucho más, ya me conoces bien, pero, como dice el dicho: “nunca se termina de conocer a alguien”. También quiero conocerte más, sí es que eso es posible. Te conozco desde que tenía 19 años, ahora tengo 23, casi 24, y tú tienes 25, ya casi 5 años de conocernos, realmente hemos pasado por mucho, y creo que seguiremos pasando por mucho más.

Tengo que confesar que además de tener miedo, también tengo desconfianza, pero no de ti, sino de mí, porque te amo, pero me conozco y sé que puedo huir en cualquier momento y no porque quiera huir, solo que no sé qué hacer conmigo.

El miércoles 17, cuando cumplimos dos meses otra vez, te dije que no estaba segura de si podrías resistir mis cambios de humor, hormonas y el simple hecho de ser mujer, de ser tan sentimental: me dijiste que eso era parte del paquete, y eso te lo agradezco mucho.

No tienes idea de cuánto te amo, aunque, para ser sincera; ni yo misma tengo idea de eso.

Sólo sé que eres la persona que más amo y por la que más me preocupo –y eso me sorprende porque amo demasiado a mi familia.

Así que te invito a conocernos mucho más y seguir viviendo, no sé si nos casemos y tengamos hijos, pero, quiero seguir contigo, soy muy feliz a tú lado y me alegra demasiado haberte conocido, ojalá podamos seguir adelante como pareja, seguiré poniendo de mi parte así como haces tú. Te amo y te cuidaré como mi gran tesoro, lucharé por ti, te comprenderé, apoyaré y sobre todo te amaré, y espero poder decirte te amo con mis labios otra vez, por ahora; aquí estaré para ti, porque te amo mi vida…

Después de haber hecho navegar mis ojos y pensamientos, decido hacerlos aterrizar como hacen los aviones en el aeropuerto, retomo mis labores del día.

Akatsaki

Soy una chica seria y en ocaciones fría, pocas personas conocen mí lado tierno, comprensivo, etcétera.
Soy una amiga con la que siempre puedes contar, apoyarte y consolarte.
Amig@: No estoy contigo en las buenas, pero estoy siempre en las malas contigo.

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