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Secreto

Puedo ver reflejada mi cara en el iris, estoy tan cerca del espejo que mi respiración lo empaña, mis ojos estan tan rojos pero no sé si es por el llanto o porque falta poco para que acabe el efecto de las pastillas; ¿me tomo estas 4 pastillas del tratamiento de la ansiedad y sigo dopado o lo dejo y desaparece esa sensación y me arriesgo a otro ataque?, ¿qué hice para merecer esto?, ¿qué debo decidir hacer?, ¿por qué siento que de ambas maneras pierdo?.

Voy a mi cuarto mientras Spotify reproduce “Walk on the Wild Side” de Lou Red, niego con la cabeza ya que lo último que necesito ahorita es una referencia a medicinas y drogas; me siento en la cama y me inclino sobre las rodillas a pensar que decidir. Muy pocas personas saben que tengo esto, de ellas muy pocas han visto los ataques, y así es mejor, si  las personas se enteran que tengo trastorno de ansiedad y depresión pesarían que estoy loco, ¿cómo manejaría eso?. Mucha gente piensa que estoy zafado porque siempre estoy bromeando, soy como un payaso involuntario, me rió y hago reír, siempre tengo una sonrisa, nadie jamás imaginaria lo que padezco y aparentemente soy feliz, es la manera como lo escondo, la sonrisa es la mejor mascara.

Son ya 13 años de tratamientos intermitentes en un vaivén de Psiquiatras y Psicólogos, este tratamiento ha sido el más agresivo de todos, no fue gratis ya esta fue la recaída fue más grave; llevo 1 año sin ataques y el doctor  y mi familia no quieren levantar el tratamiento, !¿qué no se dan cuenta que mi cabeza siempre me da vueltas?!, cada vez que tomo estas pastillas mi cuerpo se debilita y el sueño se apodera de mi, cuando el despertador suena los huesos se vuelven de cemento y levantarme es una tarea titánica, necesito dejar de recostarme en el piso por mareo al tomar esa pastilla. Quiero poder volver a correr por el cultural, a viajar por el país, conducir un automóvil, meterme a la playa un poco mas allá de la orilla, tomar alcohol en las noches de fiesta, sonreír sin necesidad de que una sustancia lo provoque. Quien sabe cuanto pueda durar, en algún momento el ciclo se repetirá y ya no quiero volver a poner un filo en mis muñecas, tener como jaula mi cuarto, la furia se fue, pero los ladridos de los perros, los gritos de mamá, las quejas de Miguel, y tu desaire se asemejan a golpes en la caja donde la tengo guardada para que salga y haga retroactivo el tiempo que no actuó. ¿Y si otra vez me da un ataque? me preocupa; pero el mayor temor es que suceda en publico, que la gente lo note y que este secreto quede expuesto, ¿te imaginas? el bullying que provocaría; lo desgastante de explicar de que no estoy mal, de que soy una persona normal, pero que responde diferente a los estímulos de estrés y pánico.

Mi Mamá cree que es fácil ¡¿Fácil?! ¡Toda mi vida voy a vivir con esto! Lo que para otros es tan sencillo, para mí es todo un desafío. ¿Sabes lo que me cuesta invitar al cine a alguien? El solo proponérmelo hace que mis manos comiencen a sudar, la garganta se apriete y me sea imposible pronunciar una frase coherente. Lo peor de ello es la tristeza  y el coraje que esas situaciones cotidianas me provocan.

Nadie comprende que para mí, cada día es una verdadera batalla: el stress del trabajo, tratar de concentrarme en mis tareas, la presión de los jefes. Créeme, mi cerebro es como una ruleta rusa: si me descuido, pierdo.

A esto, súmale que mis amigos están lejos, no hay con quien pueda hablar de este tema; solo tengo a Espino, él me apoya, pero tiene su familia y no puedo estar molestándolo a cada rato con esto. Así que debo callar, intentar parecer feliz, equilibrado, mientras esta realidad me quema internamente, como si fuera acido.

Ya es noche y las gotas de la lluvia suenan en la ventana,por fin el clima de noviembre aparece; me dirijo a la sala y tomo el celular, solo necesito ver una foto, ya sabes que foto;  aun tengo las pastillas en las manos, leo la imagen que tengo de fondo de pantalla, “LA LIBERTAD NO SE IMPLORA, SE CONQUISTA”, esa frase está escrita en una pared, yo la pinte y tome la foto; respiro hondo, quiero salir de este bache, pero no es la primera vez que estoy en uno, pienso que tal vez sean 6 meses o 3 años más lo que dure esto, no lo sé, solo quiero estar bien y sentirme feliz.

Tal vez no pueda desprenderme de estas pastillas en algún tiempo, pero sí de los pensamientos, no de la ansiedad pero puedo luchar contra la depresión; todos los días al despertar diré “excelente el mundo no me ha vencido, lo venceré a él” y mi cara portara una sonrisa. No importa que tantas veces tenga que luchar pero la ansiedad no me quitara las ganas de bailar, de jugar fútbol, construir ese librero ni de tratar de ganar tu corazón.

Esto no me puede matar, así que solo disfrutare de mi vida y quienes son parte de ella; y si los ataques vienen, aqui los estare esperando.

Acerca del autor: Bardo Olivos

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