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SANANDO HERIDAS

—¿Por qué destruiste nuestro hogar? —comienzo algo temerosa, siento ese nudo incomodo en la garganta—. No te veo casi 3 años, simplemente te fuiste con esa mujer, olvidaste tu casa y tus responsabilidades como padre.

—Hija no es lo que parece, con tu madre las cosas no iban bien; es difícil de explicarlo, por favor quiero que me escuches, te diré como sucedieron las cosas, ya tienes edad para entenderlo.

—¿Tengo edad?, ¿Tú crees que me siento preparada para conocer a detalle cómo destruiste nuestro hogar? —Ya no puedo contenerme y empiezo a llorar— No estoy dispuesta a escuchar los detalles, simplemente vine hasta aquí para liberar mi alma de tanto dolor y amargura que me acompaño por muchos años.

—Mi princesa, por favor tranquilízate, soy consciente de que me perdí gran parte de tu vida, no estuve allí para protegerte ni escucharte —agacha la cabeza en señal de arrepentimiento—. Pero quiero que sepas que te amo, te amo con toda mi alma, nunca dejaste de ser la luz de mis ojos.

—Si eso fuese verdad, no nos hubieras dejado, pero,  preferiste formar una nueva familia y alejarte de nosotras —tomo aire y retomo el dialogo—. Desde niña fuiste mi ejemplo a seguir, contigo me sentía protegida, como una verdadera princesa al lado del rey y es eso lo que más me duele, que pintaste una imagen falsa, siempre te considere un hombre maravilloso y ejemplar, hogareño, dedicado a mi hermana y a mí, pero todo se derrumbó. Aquella tarde en la que te encontramos con la otra, traicionando la confianza de mi madre y de nosotras, desde ese momento mí cuento de hadas se vino abajo —tomo coraje para terminar de decirle lo que por años guarde—. Entonces comprendí, que todo fue una mentira, simplemente desde esa vez la casa fue un caos, mi madre tuvo que ser fuerte, se convirtió en padre y madre, desempeño tu rol, al ver que te desentendiste de nosotras. Ahora quiero que me respondas ¿Valió la pena?, ¿Esa mujer sigue contigo ahora que estas mal de salud?.

—Me siento apenado contigo, tu hermana y tu madre, sé que hice mal —empieza a titubear, como si estuviera conteniendo su llanto—. Fue una decisión de momento, quizá por la rutina me cegué, pero estoy arrepentido, estoy mal de salud, hija no quiero irme de este mundo sin tener el perdón de todas ustedes.

—Te veo y me doy cuenta que ya no eres el de antes, ahora estas demacrado, ¿Quieres que te perdonemos?, no puedo hablar por mama o mi hermana, pero sí puedo decirte con toda sinceridad, que me duele en el alma todo, no puedo olvidarlo y no soy hipócrita, sé que no soy quien para juzgarte pero entiéndeme, esto es muy repentino, volverte a ver, debido a tus problemas de salud, no es lo que esperaba, porque me hubiese gustado que te arrepientas más antes, que en ese entonces pienses en el daño que nos hacías, pero no fue así y ahora quieres el perdón, que egoísta, solo piensas en lo que te conviene, lo siento padre, pero necesito tiempo.

—Te entiendo, soy consciente de que actué mal —trata de sonreír—. Aquí te estaré esperando.

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