Saltear al contenido principal

Revolcando lo olvidado

Mi pecho se aprieta, mis ojos se humedecen, pierdo la noción y no aguanto por mucho, debo alejarme. ..

Esa es mi reacción cada vez que uno de esos pequeños perritos pelones, sin cola, de orejas triangulares se me acerca; hace un tiempo atrás el terror me dominaba – shh largo, aleje ese perro de mí, no me gustan, no los soporto, los detesto-, pero en lo profundo de mi corazón sabía que solo era la reacción ante el dolor de una herida, el sentimiento de culpa.

Siempre quise una mascota, pero mis padres no podían dármelo, así que para mi cumpleaños 11 si mal no recuerdo mi abuelo me regalo un dóberman pinscher color chocolate, con unos ojitos llenos de vida, correteaba por toda la casa, y brincaba de alegría cada vez que yo llegaba, nuestros fines de semanas salíamos a correr, poníamos obstáculos en el patio y le enseñaba a saltarlos, treasure era su nombre.

En ese tiempo, como en muchas familias y la mía no es excepción, mis padres tenían muchos problemas, y para no entrar en detalles en una discusión mi mamá fue agredida por mi padre, la situación fue algo fuerte y desagradable,  conllevo al inicio del divorcio. Como toda niña me refugiaba en lo que me alegraba, mi perrito, sin embargo mi padre nos desamparo y dado que mi mamá jamás había trabajado todo fue un proceso, ella se dedicó a buscar donde laborar mientras en ese entonces yo iba a la secundaria y cuidaba a mis 3 hermanos menores, fueron 2 meses en lo que mi mamá empezó a trabajar, posiblemente la comida que había en casa no duro el primer mes, solo recuerdo que la necesidad cada vez fue peor, nos alumbramos con candelas  en varias ocasiones, en la que no podíamos pagar por el servicio de electricidad, la alimentación fue casi nula y mendingábamos de los vecinos, la mejor amiga de mi madre nos regalaba solo verduras que crecían en su patio, un poco de leche de vez en cuando, una tacita de frijoles 2 cucharaditas para cada uno y esa fue nuestra cena ese día, algunas veces cuando ella no tenía por casualidad visitábamos por las tardes a una señora con la intensión de que nos regalara un poco de café y pan para sobrellevar ese día, y lo que restaba de la noche, me hizo dejar de lado un poco a mi mascota, debido a las demás preocupaciones y me daba lastima sacar a mi perro a correr, ya que el también sufrió la falta de alimentos.

Mi mascota había llegado a sus huesos, se repintaban por todo su pequeño cuerpito, y la impotencia de no tener que comer, era algo con lo que debía lidiar, una noche de lluvia mi madre me dijo que le diera verduras, yo estaba en mi cama no quería salir bajo el frío, estaba molesta y al final mi perro no comía, ella me decía que se iba a morir si no me levantaba, y en mi acto de rebeldía hice caso omiso y me dormí; al día siguiente mi mamá me llamo, ella quería que viera a mi pequeño metido en su casita, tieso, como si llevase días sin vida, un dolor profundo se apodero de mí, y mi madre lo hizo peor al recalcar que yo era la culpable, por desobedecer la noche anterior, en ese momento recuerdo que no pude llorar, ante el shock, el odio a mí misma, la culpa, el dolor, sumar la situación en la que estábamos, sin comida, sin luz, en medio desastre de divorcio familiar, pero con el tiempo lloraba cada noche estando a solas, lloraba cada vez que algún perrito similar se me acercara, revivía esa angustia y ese sentimiento de que yo había matado a la mascota que tanto ame y olvide cuantas noches pase así, por más que intente borrar ese sentir no pude.

Han pasado aproximadamente 15 años, y aun duele recordar, tengo un nudo en la garganta y ojos llenos de lágrimas, quizá he avanzado pero el revolcar el pasado siempre duele, puedo contarles lo que paso, puede que entienda que no fui del todo culpable por lo sucedido, ahora puedo ver un perrito igual y ya no siento odio, puedo acariciarlo con amor, pero recuerdo a mi mascota, pensando en que merecía fallecer en otras condiciones y no en las que lo hizo. Superar es parte de madurar, de darse cuenta que la vida tiene altos y bajos, que no puedo ser una cobarde, que hay que esforzarse por salir adelante, que de lo errores se aprende a no volver a cometerlos, y que hay más soluciones para los momentos difíciles.

Solo con el amor el corazón más lastimado puede ser curado, y el mío fue sanado por ese perrito ajeno que cada vez que llegaba a visitar a mi amiga en su casa él se alegraba de verme, que por más que intente alejarlo porque me traía malos recuerdos el seguía ahí insistiendo hasta que empecé a tolerarlo, y con el tiempo a quererlo, aunque ya este pequeño no esté en su partida aprendí que lo extrañaba, y que  había logrado sanar y superar parte de lo que vivi, que al final valió la pena continuar y aunque fue difícil la satisfacción de salir de esa oscuridad que me entristecía, ahora me siento capaz de adoptar otra mascota esperando aprovechar el tiempo que me fue robado con mi primera.

Royleni Villegas Segura

y si te digo que existen las chicas que aman no solamente los libros, si no también los vídeo juegos, las películas de superhéroes y la aventura, las que no le temen a la velocidad, pero disfrutan una noche de estrellas en el silencio de algún lugar lejano, me creerías?

Volver arriba