Reto#12. DESVALIJADOS

  • ARGUMENTO 

El día pintaba hermoso. Salimos a la playa. Sol, familia, amigos y un grupo de viejitos, disfrutando como niños. Entre la diversión, recibo una llamada. Están desvalijando tu casa. Regresamos al hogar. Preparo a mis hijos, les hablo con amor, la cruel verdad. Al entrar, el vacío del lugar, se apodera de nuestras emociones. Ni el microondas para calentar. En esta crisis, solo recibo $80.00 por quincena. Los vecinos nos tienden la mano. Pongo un terreno en venta. Fueron días grises y duros. Pero Dios, estuvo al frente.

TRAMA

  1. Viaje a la playa. En la madrugada.
  2. Regreso a casa. Preparados psicológicamente.
  3. Sorpresa no grata. Casa vacía.
  4. $ 80.00 quincenales. No cubre los gastos.
  5. Los vecinos apoyan. Comida diaria. 
  6. Venta de terreno. Ayuda en la crisis
  7. Recomienzo. Reponemos lo robado. Dios está a nuestro lado.

ESQUEMA RIGUROSO. 

  1. VIAJE A LA PLAYA. Nos levantamos con el canto del gallo. Mi madre, mis hijos y yo, estamos listos. Viajamos a una gran aventura. “Las Lajas” es un hermoso lugar. El rostro de mis pacientes es de asombro y alegría. Pasamos inolvidables momentos con gente linda. Los señores disfrutan como niños. El celular suena. Una vecina pregunta: ¿Estás haciendo mudanza? Respondo, Claro que no.

  1. REGRESO A CASA. Al llegar a casa, se le pone fin a la alegría. Preparo a los chicos, emocionalmente. Abro la puerta. Sin palabras. Nuestro pedacito de cielo (hogar), está desolado. Viene a mi mente “la creación: “La tierra estaba desordenada y vacía”.

  1. SORPRESA NO GRATA. La hoquedad se apoderó de nuestro interior, por un segundo. Abrazo a mis hijos. De rodillas frente a ellos les digo: saldremos adelante. Revisamos juntos, no había refrigerador, estufa, microondas, gas, lavadora, muebles, televisores. La casa estaba abandonada, pero no nuestras almas.

  1. $80.00 QUINCENALES. El ladrón se llevó todo. Menos mi fe, fortaleza y confianza. Soy leona celosa de sus cachorros. Solo recibo ochenta dólares quincenales. Muy poco para arrancar el motor. Sin dinero, sin alimentos y sin  muebles. Parece un futuro incierto. Pero Dios me muestra su amor.

  1. LOS VECINOS APOYAN. Durante 15 días nos dan de comer. Dos vecinas se turnan, velando que nada nos falte. Desayuno, almuerzo y cena. Con lo que hay en la alacena, aporto a las comidas. Me propongo idear un plan. Debo resolver. 

  1. VENTA DE TERRENO. Hurgando entre mis papeles de deudas y promesas de pago; encuentro un título de propiedad. Es un terreno que tengo a las afueras de la ciudad.  Hace poco, me lo traspasaron. No lo recordaba. Vendo la propiedad, sin consultar.

  1. RECOMIENZO. Abro una cuenta de ahorros. Compro los muebles para el hogar. Hice un gran mercado. Pago las  pequeñas deudas, para generar más ingresos. La nana de mis hijos presta sus servicios, por dos años consecutivos, sin devengar salario. Dios no nos abandona, sigue abriendo puertas. 

RELATO

DESVALIJADOS

Se prevee un hermoso día. Vamos a la playa, mi madre, mis hijos y yo. Reunimos lo necesario para el viaje programado. “Las Lajas” es un lugar paradisíaco. El sol nos regala su máximo esplendor. Compartimos con la tercera edad. Parecen niños. Juegan al football, hacen castillos de arena y recogen piedritas de colores. Mientras, salto las olas con mis hijos. Mi madre me hace ademán de que salga. Mi celular suena. La vecina pregunta: Arianys, ¿estás haciendo mudanza? Claro que No. A lo que responde, ¡qué extraño! Van cuatro viajes saliendo de tu casa. Se están llevando todo. Me paralizo. ¡No puede ser!  Entre sonrisas fingidas, llego al final del paseo. Salimos hacia nuestra casa.

Llegando a nuestra morada, siento angustia. ¿Cómo le explico a un crío de 5 años, y a su hermanita de 10? Siento sus miradas tristes. A través de sus pupilas, se les puede  ver el alma. Cautiva por el dolor, el temor y la inseguridad. El silencio literal de mi madre, hace eco en mí. Me invade un frío sepulcral. Aquel que se apropia de los cuerpos sin vida. Es tanta mi agonía, que ni llorar puedo. Debo ser fuerte para sostener a mis hijos. Abrimos la puerta y el dolor no cabe en el  corazón. Sin palabras. Mis manos tiemblan. Mis pies no quieren sostenerme. Una fuerte ansiedad se apodera de mi integridad. La casa sin vida. Nuestro pedacito de cielo se nos viene abajo. Levanto la vista, buscando a mi madre. ¡Necesito su abrazo! Su afirmación de que esto, también pasará. No la encuentro. Se ha ido. La pobre debe sentirse peor que yo. Reflexiono. No la juzgo.

En ese instante, la hoquedad se apodera de mí, por un segundo. Mis hijos me hacen valiente. Son mi mayor fortaleza. Abrazo a mis hijos, uno por uno. De rodillas firmemente les digo: tranquilos, chicos. Saldremos de esta. Les tomo  las manos y los llevo al interior. Nada. No hay nada. Revisamos juntos, cada espacio. No había refrigerador, estufa, gas, lavadora, muebles. Ni el microondas para calentar. Menos un televisor, donde se pueda acallar el dolor. La casa esta solitaria, pero no nuestras almas. El ladrón se ha llevado todo. Menos mi fe, fortaleza y confianza. Soy leona, celosa de mis cachorros. Soy capaz de sacar fuerzas de la debilidad.

Es cierto, estoy ante una gran dificultad. Trabajo. Devengo ochenta dólares quincenales. Pago casa, y todo lo que conlleva. Realmente es muy poco para arrancar este motor. Debo lidiar con la colegiatura de mis hijos. Los pasajes y meriendas diarias. Le añado, la falta de muebles. Pero, siempre he vencido el conflicto. No será esta la excepción. Dios nunca me ha chasqueado. Cuando una puerta se cierra, se abren mil ventanas.

En los siguientes 15 días, nos dan de comer. Dos vecinas se turnan, velando que nada nos falte. Desayuno, almuerzo y cena. Aporto a las comidas, con lo que queda en la despensa Esto me avergüenza. No me gusta depender de nadie. Pero, hay momentos y momentos. Partiremos de cero. Debo resolver esto.

En la búsqueda de una salida, urgo entre mis papeles. Hay deudas y promesas de pago. En otra carpeta, encuentro un título de propiedad. Es un terreno que tengo a las afueras de la ciudad. Hace poco, me lo traspasaron. ¡lo había olvidado! Esto puede servirme en esta emergencia. En pocos días, la vendo sin consultar.

Con el dinero obtenido, abro una cuenta de ahorros. Compro los muebles para el hogar. Hago un gran mercado, llenando la alacena. Pago las  pequeñas deudas, para generar más ingresos. La nana de mis hijos presta sus servicios, por dos años consecutivos, sin recibir ni un centavo. Solo nuestro cariño y compañía, le es suficiente. Es mi mano derecha, mi apoyo. Reconozco que la fe y la fortaleza vienen de Dios. El progenitor de mis hijos fue el ladrón en esta historia. Nos orilló a la crisis económica más dura de nuestras vidas. Pero el amor entre mis hijos y yo, nos sostiene, aun en estos días. Dios sigue abriendo puertas…

                                                      Arianys Núñez 

arianysdelc
Author: arianysdelc

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Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. romina

    Relee el capítulo de argumento. No es un resumen de toda la historia.
    Esquema y relato muy bien trabajado.

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