Reto Veinte – Pau Treviño – Defectuosa

Defectuosa

 

Alguna vez construí un genograma familiar, una representación en forma de árbol genealógico que incluye información importante: motivos y fechas de muerte, enfermedades, patologías. Todo lo que pudiera resultarme útil para la clase de Desarrollo Humano.

 

Me familiaricé con el término “Cardiomiopatía dilatada”. A veces la enfermedad no ocasiona síntoma alguno. Otras veces, los indicios están relacionados con los del catarro o la gripe: escalofríos, fiebre, agotamiento. Es cuando el corazón se agranda demasiado, que comienza a doler de verdad…

 

En mi caso, el cansancio era extremo. El pecho lastimaba. Las piernas y tobillos se hinchaban cada tanto, impidiéndome seguir los ejercicios recomendados.

—El daño sufrido por el músculo cardiaco es tal que no bastarán los medicamentos —dijo el doctor tras analizar los estudios que me hicieron—, recomendaría colocar un dispositivo que permita al corazón descansar y recuperar parte de su función.

—¿Necesito un corazón nuevo?— pregunté de golpe, sabiendo que mi padre temería asustarme al cuestionar tal cosa. Estuvo bien, quería que todo quedara claro—, ¿podría morirme en cualquier momento?

—Es una posibilidad. 

 

Intenté pensar de manera objetiva, sin éxito. 

 

A decir verdad, se me llenó la cabeza de anhelos egoístas. Contemplé por largas horas el anillo de promesa que me había entregado Esteban meses atrás “Significa que estaremos juntos, Pau. Terminarás de estudiar psicología y yo la maestría. Entonces le pediré tu mano a tu papá”. 

 

Reí mucho al llegar a casa aquél día. A mamá se le bajó el azúcar cuando vio el anillo. Mis hermanos abrazaron a Esteban, festejaron con gritos y aplausos mientras mi hermanita se le echaba al cuello, tratando de besarle la mejilla.

—¡No es un anillo de compromiso!

—¡¿Qué?! —Pamela le soltó el cuello, se plantó delante mío. Todos estaban confundidos.

—Es un anillo de promesa —aclaré entre risas, mirándoles el semblante contrariado.

—Tranquila señora —le dijo Esteban a mi madre—, no le entregaría el anillo sin antes hablarlo con su esposo. 

 

Se fueron abajo los planes construidos. 

 

Pensé en terminar la relación de manera abrupta, sin dar explicaciones. Me convertiría en la mala del cuento, alejaría a Esteban con crueldad para que no decidiera padecer un tiempo incierto a mi lado… lo pensé. Sin embargo, al tenerle delante, el resultado fue muy distinto. 

—No puedo pedirte que sigamos juntos, no puedo ser así de egoísta —intenté quitarme anillo, temblando de dolor y nervios. Esteban lo impidió, abrazándome con fuerza.

—Cállate por favor —se le quebró la voz—, te amo. Te amo y no pienso dejarte sola ante la primera prueba. Además Pau, nadie tiene la vida asegurada. Con diagnóstico o sin él, cualquier día podría ser el último.

 

Rompió el abrazo para besarme. Nuestros rostros estaban cubiertos en lágrimas.

—Dime la verdad, por favor no pienses en los demás al responder —acortó la distancia de nuevo, rozando su frente con la mía—, ¿qué quieres hacer tú? 

Me dolía el pecho. Sentía los latidos descontrolados, el peso de las ansias y la tristeza…

—Esteban, quiero casarme contigo. 

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Esta entrada tiene 3 comentarios

  1. romina

    Bien la idea, pero nos falta trabajo de corrección. FORMA.

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