Reto Trece – Pau Treviño – Ruta Equivocada

Ruta Equivocada

 

Llueve de tal modo que no puedo distinguir lo que tengo delante mío. Los lentes, así como están, no me sirven de nada. Decido quitármelos, ¡¡Justo hoy tenía que olvidarme el paraguas!!, ésta zona de la ciudad me es desconocida y estoy temblando de frío, reprochándome por estar tan asustada, ¿Debería pedir indicaciones?, aquí ni siquiera hay alumbrado público. De no ser por el edificio iluminado que tengo delante, estaría en  completa penumbra.

 

“El número que usted marcó, está ocupado”. Tranquila Pau, aún puedes llamar a tu tío…

“El número que usted marcó, se encuentra fuera del área de servicio”, ¿Es en serio?

Finalmente, decido descargar Uber; “No hay conductores disponibles en las cercanías. Por favor, intente de nuevo”, ¡Maldita sea!, ¡¿Dónde me he venido a meter?!

 

Hay dos policías en la entrada del edificio alumbrado, me siento tentada a pedirles ayuda. Tal vez podrían llamar un taxi, ¿Es una buena idea?… o podría caminar un par de cuadras, probar suerte de nuevo con Uber. Al final, regreso por la calle que vine. Tengo ganas de llorar, pero no serviría de nada. Lo importante ahora es regresar a casa.

 

Tengo que tranquilizarme. “¡Pau, es cuestión de caminar un poco!, todo estará bien”… 

—¡¡Oye Pau, escuché de una nueva heladería a la que debemos ir juntas!! —había dicho Annia, mostrándome la publicidad del sitio—, venden helados arcoiris en conos de unicornio y pescado Koi, ¡¡Por favor, ven conmigo!!

—Vamos —sonreí—, ¿no está muy lejos, verdad?

—Puedo pasar por ti. Sólo tendrías que ver lo del regreso.

—Me iré temprano para alcanzar camión—, Aseguré ¡Tan sencillo que había sonado! 

 

Me refugié de la lluvia en el toldo de una mueblería. Rebusqué el teléfono en mi mochila y probé de nuevo… “Tu conductor está terminando un viaje cerca”, suspiré. Entonces entró la llamada de mi tío. 

—¡Pau, perdón por no responderte!, estaba hablando con tu mamá. Le conté que hoy saliste al centro con tus compañeras, ¿ya vienes en camino?

—Si —respondí antes de estornudar—, se me olvidó el paraguas.

—Mensilla —rió, tranquilizándome–, te espero en casa.

 

Finalmente el auto se aproxima. Me subo con prisas, empapando el asiento.

—Niña, ¿qué hace usted por estos rumbos?

—Tomé dos camiones equivocados —acepto la caja de clínex que me ha tendido.

 

—Usted tranquila, que en media hora estamos allí… 

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Esta entrada tiene un comentario

  1. romina

    Muy bien la conexión, lo que confunde un poco es el salto para la alternancia cronológica, quizá porque se siente hecho medio apurado.

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