Reto. TEXTO CORRECCIÓN

           

           UN AMOR EN CUARENTENA

¡Quién podría imaginar que en esta cuarentena, no todo sería soledad!
Siendo las 4:30 am, en un día sinigual, recibí una llamada, una muy especial. Fue en tono apacible y firme, como especie de susurro. Parecí reconocer aquella voz. Al escucharla mi cuerpo se erizó y sentí un vuelco en mi interior. Mi mente viajó al pasado, buscando aquel encuentro, en mis registros olvidados. Seguido, un olor floral envolvió el ambiente, como si el rosal del patio, se hubiera mudado a mi ventana. Quedé sumida en la más profunda calma… La cuarta vigilia de la noche se tornó en indescriptible serenidad. Me llamó otra vez y seguí su voz… Levantándome de mi cama, abrí la puerta que llevaba al patio trasero… Busqué bajo las palmeras, en el rancho, rodeado de veraneras, en la hamaca que se mecía y detrás de los rosales, más, no lo encontré. Miré a la perrita Maya, por si estaba alucinando, pero tampoco era ella.
Nuevamente escuché decir: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si oyes mi voz y abres la puerta, entraré a ti, cenaré contigo y tu conmigo”.
De inmediato reflexioné: ¡acabo de abrir la puerta! , ¿cuál otra he de abrir? … Pareció estar en mis pensamientos, porque a la par me aclaró: “Arianys, ábreme la puerta de tu corazón”. La frescura que me envolvió, fue como un remanso de paz. Sus palabras seguían resonando en mi cerebro. Volví mis ojos al cielo. La bóveda estaba impregnada de estrellas, y un astro irradiaba con mayor fuerza. Me quedé arrobada… En segundos pasó frente a mis ojos, la película de mi vida. Reconocí aquella voz. Pertenecía a quien me acompañó en mis duras travesías. Sí, era el dueño de mi alma. A quien me entregué, a la tierna edad de 14 años. ¡No comprendo! ¿cómo pude olvidarlo?
Entendí que en mi vacío, siempre lo anhelé. Sufrí de una sed que jamás pude saciar. Lo busqué en la música y no lo encontré, tampoco en las letras de mi diario. No estuvo en los lujos, ni en el internet, y menos, en los gustos que abracé; y qué decir, de las metas que logré. Más, lo encontré en la sencillez, en el silbo apacible y suave, de la brisa de esa madrugada.

Cayendo de rodillas, mis brazos tocaron la grama, y alabé al Dios Creador, que por los siglos es Eterno. A la vez, le pedí perdón por haberle olvidado.

Así reinicia la historia de mi amor genuino; con Jesús, el Omnipresente, el Único y Verdadero… 

Arianys Núñez 

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Author: arianysdelc

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