Reto Quince – Pau Treviño – Amistades

Anécdota con mi mejor amistad (Tercera Persona, Pasado) :

 

Paulina se dejó caer pesadamente en el sillón. El teléfono insistía… insistía e insistía. Comenzaba a molestarle la terquedad de su amiga, ¿no se daba cuenta?, por patético que fuese, tenía ganas de quedarse mirando el techo, de permitirse llorar. Suspiró, convirtiéndose en un ovillo que le daba la espalda al mundo.

 

Entonces entró Luis, extendiéndole su propio teléfono.

—Dice Melissa que no le contestas.

—Ya le dije que no quiero salir —musitó la pequeña, entre triste y enfadada.

—Contéstale —exigió, dándole la vuelta al ovillo, pegándole el móvil al rostro.

—¿Me escuchas, Pau? 

—Aquí estoy…

—¡Mira, no me vengas con tus tonterías de quedarte mirando al techo! —inició, gritándole con igual mezcla de indignación y cariño—, no te sirve de nada gastar la tarde compadeciéndote de ti misma. En diez minutos estoy en la puerta de tu casa para llevarte por una pizza y de allí a matar zombies a mi departamento, ¿entendiste? 

 

Paulina asintió con desgana, luego recordó que estaba al teléfono.

—S-si, te veo en un rato. 

—¡¿Ves?!, no era tan difícil convencerte, ahora ve a lavarte la cara —colgó enseguida.

—¿Qué quería? —preguntó Luis, aceptando el teléfono de vuelta.

—Secuestrarme el resto de la tarde —sonrió por fin. 

 

 

Anécdota con alguien a quien consideraba un amigo (Primera Persona, Presente) :

 

La maestra se ha callado de pronto. Levanto la mirada de los apuntes, la coordinadora nos observa a todos desde la entrada.

—Buenos días chicos, disculpen que interrumpa— se disculpa mientras avanza al frente—, vengo a resolver el asunto que expusieron el día de ayer en mi oficina.

 

Escucho carraspeos, cuchicheos por lo bajo, risitas nerviosas. Sin embargo no puedo observarles, sentada en la banca del frente. La coordinadora me estudia con tristeza. No entiendo los motivos de la mueca que le adorna el rostro.

—Dígame Pau, ¿Aún desea ser representante de la clase?

—Si —tardo en responder—, mientras el grupo se sienta cómodo con mi trabajo, no tengo problema en ser la representante.

—Allí está el problema— escucho a Miriam. Arrastra la silla al levantarse, me observa desde arriba—, no estamos contentos contigo. 

 

Todos nos observan… creo que ellos entienden mejor que yo lo que está ocurriendo. 

—Por mí no hay problema si ponen a otra persona, pero quiero saber las razones— he sonado más segura de lo que realmente me siento, ¿Desde cuando Miriam puede plantarse con ese gesto despectivo en el rostro?

—Ya sabes, Pau. Creemos que en realidad no te importamos los demás. Algunas veces te hemos pedido que apoyes al grupo, y no lo haces como nosotros quisiéramos.  

 

¡Vaya! Se me ocurren un par de ácidas respuestas, pero no sería prudente decirlas. He caído en cuenta de que se trata de algo personal.

—Propongo algo —interrumpe la coordinadora—, quiero que cada integrante de la clase exponga su opinión del tema, y dé un voto a favor o en contra de nombrar una nueva persona.

—Excelente —sonríe Miriam—, ¿Puedo empezar? 

Le doy la vuelta a mi silla. Los observo a todos. No pienso mostrarles nada, si es que llegan a lastimarme con sus palabras. 

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Esta entrada tiene un comentario

  1. romina

    EL primero muy bien, el segundo hay algunos verbos equivocados.

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