Reto Once – Pau Treviño

Día de examen

 

Argumento : 

 

A pesar de sentirse terrible, Paulina realiza el esfuerzo de asistir a la Universidad a presentar un importante examen. Tanto el maestro como ella saben que no conseguirá aprobarlo en esa condición. Durante la prueba ella se cuestiona, “¿Tiene algún valor el empeño que he puesto?”, “¿Debería sentirme satisfecha, aunque no obtenga el mejor resultado?”. 

 

Trama : 

 

  • El personaje (Pau) se acuesta a dormir temprano.
  • Comienza a pensar en el examen del día siguiente.
  • Pau se despierta de madrugada, sintiéndose enferma.
  • Se levanta. Está a punto de desmayarse en el baño.
  • Pide ayuda a su tío. La doctora responde el teléfono.
  • El tío se sorprende cuando Pau le pide que la lleve a la Universidad.
  • El maestro le permite presentar tarde la prueba. Ambos saben que no conseguirá terminarla.

 

Relato :  Día de examen

 

Me acosté temprano, pues al día siguiente presentaría el examen final de Programación. Entre todas las pruebas, era aquella la que nos provocaba auténticos nervios a los estudiantes. Al maestro le daba por ponerse creativo, lo que podía ser una pesadilla a la hora de intentar recordar las líneas de código que pudieran aplicarse a sus ejercicios. 

 

Intenté descansar, pensando en los lenguajes C/C++, las aplicaciones en red y los Sistemas de gestión de base de datos. Me sentía dispuesta, sin embargo, una fuerte molestia me levantó a la madrugada…

 

Comenzó como un dolor de cabeza en la zona frontal, intenso y pulsátil. Me removí en la cama, cubriéndome para evadir la tenue luz que pasaba a través de las cortinas. Aunque nunca me había parecido molesta, en ese instante era intolerable, empeoraba las punzadas de la cabeza. 

 

Probé a ponerme en pie. Mis lentes estaban en la mesita de noche, pero no sirvieron gran cosa. El suelo parecía inestable y la puerta del baño muy lejana…  avancé entre arcadas, sujetándome del marco y luego del maltrecho lavabo. 

—Estás haciendo ruido —escuché a mis espaldas—, todavía es muy temprano.

—No me siento bien— alcancé a comentar, arrodillándome en el sitio. 

—¿Qué es lo que sientes? —preguntó mi tío. Preocupado, presionó el interruptor. 

—Apaga la luz, me duelen los ojos —exigí, comenzando a llorar.

—Es migraña —suspiró aliviado—, déjame llevarte. 

 

Me levantó con cuidado. Bajó las escaleras y me colocó en la barra de la cocina.

—Espera un poco, ya le marco a la doctora —anunció pasándome un vaso de agua fresca.

—Buenas noches Laura —le escuché comentar—, te paso a Pau para que te explique…

 

Cinco minutos al teléfono bastaron para definir aquello como una Cefalea Premenstrual, que al parecer es común en las señoritas que se mudan a grandes ciudades. Mi tío se puso colorado, pero accedió a salir a la farmacia, faltaban pocas horas para el examen de programación.

 

Bajé con cuidado de la barra, concentrándome en dejar de llorar. Esperé el regreso de mi tío con el rostro hundido en los cojines de la sala. Tragué la pastilla que me ofreció más tarde, en automático, para terminar hecha un ovillo que no escucharía el despertador que se había quedado en la habitación de arriba. 

 

Era muy tarde cuando desperté, había perdido una hora del examen. Mi tío me observó sorprendido, pues me había arreglado en tiempo récord y estaba plantada junto a su escritorio, suplicándole que me llevara en coche a la universidad.

—¿Segura te sientes bien?, yo todavía te veo pálida. 

—Hoy es el examen de programación —comenté, pues habíamos estudiado juntos para ese día—, estoy segura de que el profe no me dejará presentarlo después.

—¿Y si le explicas lo que pasó?

—Los maestros nunca justifican nada que tenga que ver con el periodo —sonreí con desgana—, piensan que nos inventamos todo para evadir trabajos o exámenes. Las veces que he ido a la enfermería por Metamizol para los cólicos, me han tratado bastante mal. 

—Bueno —pensó un instante, poniéndose colorado por segunda vez—, te llevo entonces. 

 

Llegué al examen restando cuarenta minutos de la prueba, era imposible terminarla. El maestro aplaudió mi entrada, señaló una computadora y me entregó las especificaciones de la evaluación. 

—A ver qué alcanza a hacer, señorita Treviño —dijo muy serio—, ¿Qué le pasó?

—Me siento muy mal —reconocí—, discúlpeme por favor. 

—¡Profesor, he terminado! —anunció un compañero—, ¿Puede correr mi programa?

—No creo que termine —comentó alejándose—, pero ya no voy a distraerla.

 

Bajé el brillo de la computadora todo lo que pude, me concentré en las instrucciones… sin duda ese sería mi examen más patético hasta el momento, pero al menos habría dado la cara. 

—¿Terminó? —preguntó el maestro media hora después.

—No. El programa ni siquiera podrá correrse —me llevé una mano a la frente.

—No se mortifique tanto. Todavía puede recuperarse en el último parcial, ahora sería mejor que fuera a la enfermería y le dieran un justificante para las demás clases. 

—De acuerdo, con permiso —me dirigía a la entrada, frustrada. 

—¡Pau! —me llamó el profesor, en el último instante—, gracias por presentarte al examen.

—No hay de qué profe, lo veo después —sonreí. 

 

 

Mientras caminaba a la enfermería, pensé en la constante frialdad del profesor; Contrastaba con ese último diálogo. Me había llamado por mi nombre, y además me había tuteado… fue reconfortante pensar que había estado dispuesto a salir de su papel para agradecerme el gesto de asistir a la clase, aunque no hubiese obtenido el mejor de los resultados. 

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Esta entrada tiene un comentario

  1. romina

    Tu argumento tiene la lupa puesta en el examen no en el PG del reto,

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