RETO No. 10

Dos mil diecisiete, año de renacer. Te voy a contar porque lo he considerado el mejor año. Mi vida había sido en automático por mucho tiempo. Me dedicaba a mi hija, mi trabajo me absorbía la mayor parte del tiempo. Durante varios días mi primo invadió de llamadas y mensajes mi celular. El motivo de su insistencia era para invitarme a un curso de coaching transformacional. Yo caminaba por la plaza de las tradiciones, yo buscaba mi árbol navideño, había infinidad de puestos con adornos navideños, series musicales de fondo, esferas de colores. Me hizo una de tantas llamadas. Yo solo me reía, llevaba varios días sin darle respuesta. Algo me decía que debía ir, pero también me divertía no decirle, colgamos y enseguida recibí un mensaje. Lo abrí enseguiday en el momento en que vi la foto con la información, fue detonante. Me llamó la atención el número. Decía: TRILOGÍA 76. Fue un clic inmediato para mí porque nací en ese año, ¿casualidad o coincidencia?, al final pensé que fue “causalidad”. Dije que sí. No sabía de que trataba, que iba a hacer, a aprender. Realmente no sabía nada, más que las palabras de mi primo: te va a encantar y estoy seguro que harás la trilogía completa.

El tránsito en esos días al trasladarme a la Cdmx no me parecía tan terrible. Observaba la gente en el metro y me imaginaba sus historias. Planeaba con precisión mis tiempos para llegar puntual.

Una experiencia única, Todo lo que se vivía ahí adentro me provocaba toda una revolución emocional. Fue un revuelo total en mi vida, un latir distinto en mi corazón, una reactivación de sentimientos y el reencontrarme conmigo, con mi esencia. Es verdad que se puede renacer desde las cenizas. Año nuevo, comienzos nuevos.

La emoción en el amanecer del día a día, en el brillo del sol, mi trabajo tomo otro sentido. Una felicidad autentica. Mi responsabilidad y a decir verdad, todo se encontró en su máximo nivel. Así fue como seguí, hasta terminar mi Trilogía 76, con renovados pensamientos, alegría increíble y nuevos amigos. En ese tiempo salió una convocatoria y me inscribí en el primer concurso de cuento Diamante y si bien no gané en el concurso, gané mucho aprendizaje, tiempo para mí. Salí de mi rutina. Una noche a solas, me preparé un café, me senté en la sala mirando a la ventana y comencé a escribir:

Estoy aquí en medio de la quietud de la noche,

mirando al cielo,

queriendo encontrar un poco de inspiración

entre las estrellas y el susurro del viento,

una sola palabra que dé inicio a un pensamiento.

La quietud de la noche, es la quietud de mi alma

y lo que no me hacía sentido

es porque lo había perdido

y la incógnita de esa pausa en mi vida

¿cuánto tiempo duró?

¿y mi inteligencia y creatividad?

Y el amor a los míos y el propio

¿dónde y porqué se escondió?

Las palabras parecían un ruido que no quise escuchar,

la sabiduría puede llevarme a otro lugar

y hacer de simples notas una melodía,

hacerlo mi elección o lección.

Descubrí mi amor propio

fiel e incondicional

permaneció a mi lado, intacto,

sabiendo que me ignoré.

Mi mente y corazón en sintonía

Me dan más de esa paz,

Repasando viejas historias pausadas,

un nuevo despertar para recomenzar

con libre albedrío, como protagonista de nuevos relatos.

Fue un increíble torrencial de emociones esa noche. Comenzaron nuevos logros, nuevas metas. Hoy no me suelto de aquello aprendido. Por eso y tantas cosas no tengo duda que ha sido el mejor año y no lo cambiaría por nada.

 

 

Autor: Alma

 

peiri.22
Author: peiri.22

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Esta entrada tiene un comentario

  1. romina

    Recuerda que no corregimos poesía. EL marco muy bien, pero nos faltan más elementos.

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