RETO N° 20 FORMA Y FONDO: “Tú ángel guardián”

Es sorprendente pensar en mi vida. Después de haber pasado largas horas trabajando en proyectos para el estado, ayudando a muchas personas a reconocer su valía. La psicología me había traído maravillosas experiencias. Me sentía feliz. Estaba a punto de casarme con el amor de mi vida: Un gran hombre que me ha mirado cada día con ojitos brillosos, que ha tomado mi mano en  momentos buenos y malos, y que ha bailado conmigo la misma música: El amor. Supuse como todos que viviría miles de momentos, y más aun a su lado.

Pero una mañana de inicio de primavera me levanté acostada en una camilla. Me realizaron exámenes de sangre, y me llevaron a una sala pequeña de resonancias magnéticas. Introdujeron mi cuerpo en una máquina para observar de forma interna mi cerebro. Escuchaba el sonido del aparato capturar diversas imágenes. Cerré los ojos, tratando de recordar como había llegado hasta aquí. Mi mente me llevaba a mí despedida de soltera, donde me  divertía sin parar, bebiendo, saltando y entonando viejas canciones  hasta que de un momento a otro me desmayé y  perdí la consciencia.

Mi médico, un buen amigo se ha acercado a mí con la mirada confundida, y las pupilas dilatadas.

­—Dilo sin anestesia —expresé con firmeza.

—En los estudios confirmados por la biopsia —carraspeó­—. Es un tumor cerebral metastásico, es decir, ha comenzado en una parte  especifica de tu cuerpo y  de ahí se ha diseminado hasta el cerebro.

 —Quieres decir que moriré en cualquier momento —interrumpí con voz baja. Si esto fuera mi caso  —añadí —. Quiero pedirles que seré yo quien lo decida  ­­­—este deseo sonó tan contundente que mi amigo solo asintió con la cabeza.

Meses después dejé de realizarme las pruebas. A Guillermo omití contarle lo sucedido, pero al parecer él lo intuía. Éramos dos pequeñas gotas nadando en una sola dirección. Nuestra boda lo realizamos en la ciudad del eterno amor: París. Fue la felicidad hecha realidad. Todo estaba dándose como lo había soñado. Vestida de blanco caminando sobre la alfombra roja hacia el altar. Él me esperaba  vestido con el terno negro parado a lado del sacerdote. Me recibió con un fuerte abrazo, tomó mi mano mientras el padre realizaba las nupcias. Al finalizar sellamos el mágico momento con un tierno besuqueo. Ese día esbocé una sonrisa enorme, bailé hasta que mis pies me lo permitieron, y con la luz del anochecer dejé que nuestros cuerpos se fusionaran en uno solo como la primera vez.  Reafirmando nuestro puro y bonito amor. A la mañana siguiente recorrimos las calles parisinas para admirar los lugares más célebres de la ciudad, sin dejar de conocer el famoso símbolo de Francia: La torre Eiffel, dónde tomé las mejores fotografías.

Esa misma noche antes de empacar, hice prometer  a mi amado que siempre recordaría toda esta travesía como lo mejor de nuestras vidas. Le propicie el beso más apasionado, sabiendo en mi interior que sería el último que mis labios disfrutarían. Aquel oscurecer no pude conciliar el sueño. Reflexioné mucho en cómo desearía morir, y aunque en mis decisiones pasadas no estaba la eutanasia como un fin. Estaba dispuesta a romper los designios de Dios, y a tener una muerte tranquila e inmediata, donde nadie sufriría por mí. Lo observé, asegurando que desde donde esté sería su ángel guardián. Salí con ojos llorosos en el amanecer a un destino desconocido, dejando sobre el catre una pequeña carta dónde explicaba mi dura decisión. Incluí  dentro de  ella mis mejores fotos para que solo recuerde mi mejor versión: Una mujer bella con una grandiosa sonrisa, ojos pequeños, cabello corto, valiente, soñadora y súper romántica, y a lado un pequeño mensaje.

Adiós mi amor. Te amo.

Mila Guerra

janina19.gg
Author: janina19.gg

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Esta entrada tiene un comentario

  1. romina

    Mila,
    la idea muy bien, pero falta corregir. Revisa que confundes acotaciones con la palabra dicha… y no olvides conectar. No solo decir, hacer sentir

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