Reto Diez – Pau Treviño

Dos mil dieciocho ;

 

Transcurrió Enero en mi ciudad natal, tan estropeada a causa de la política. La nueva administración había echado a patadas al antiguo personal; humillándoles, realizando acusaciones, sembrando resentimientos y antipatía. 

 

Amistades cercanas debieron abandonar la capital. Otras, abandonaron el País. Algunas familias perdieron negocios que les había tomado una vida construir. En fin, la ciudadanía estaba anímicamente derrotada, pero nadie quería hablar al respecto. 

 

A fin de cuentas, La política es el arte de impedir que la gente se meta en lo que sí le importa…

 

Quería describirte el panorama, para que entiendas el alivio que sentí al evadirme de todo con mi ingreso a la Universidad, mudándome a Guadalajara. Allá, los más pequeños logros, como tomar la Ruta adecuada del camión o llenar la despensa con el presupuesto asignado, eran suficiente para dibujarme una sonrisa —ya ves, la vida del foráneo—. 

 

A pesar del miedo, siempre pude afrontar las situaciones que se presentaron: Sentirme observada y perseguida en el aeropuerto, quedar varada durante horas a causa de la lluvia, o hacer fila de diez horas para participar en las elecciones presidenciales del primero de Julio —ese fue un pésimo día, por cierto—. 

 

… He caído en la cuenta de que Dos mil dieciocho fue un año que me dolió. Yo quería que doliera. Quería enfrentarme a la realidad y por ello me alejé de mi zona de confort. Cada día era un nuevo desafío, adornado de pequeños y satisfactorios triunfos. 

 

En Marzo conseguí una beca, sumándome al Representativo de Creación Literaria de la Universidad. Por primera vez, permití que un grupo conociera mis letras abiertamente. Entre aquellas cuatro paredes, comprendí que estaba en la carrera equivocada —Animación y Arte Digital—. Sin embargo, ¿Cómo podía retractarme y volver a casa después de un esfuerzo tan grande?

 

 

En aquél taller nació mi deseo de ser psicóloga, y de ser poeta. Me alivia escribir que al final tomé la decisión correcta. Regresé a mi hogar, con las herramientas adecuadas para moldear el futuro que deseaba… pero esa es la historia del Dos mil diecinueve. 

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Esta entrada tiene un comentario

  1. romina

    Se siente algo cortado el texto, en especial los últimos párrafos.

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