Reto Diecisiete – Pau Treviño – A mitad de la Fiesta

A mitad de la fiesta

 

A mitad de la fiesta, Paulina escuchó un diálogo que consiguió ponerla mal al instante…

—¿Entonces vas a quedarte con esa morrita, wey?, ya son tres años de novios. Se me hace que te casas.

—¡No digas pendejadas!, ya la voy a cortar. Con esa yo no me quedo.

—Perdón —interrumpió Pau, mirando alternativamente a los jóvenes que hablaban a gritos por culpa de la fuerte música—, ¿Cómo puedes hablar así de alguien que te importa, o que te importó en algún momento?

—Mira, si yo me caso con esa lo que va pasar es que no me voy a quitar nunca de encima a los suegros. Nunca va querer dejar de verlos, y esos me cagan y yo les cago. 

—¿No te parece egoísta lo que estás diciendo?

—¡Por eso no me quedo con ella, problema resuelto!

—Tienes razón —dijo Pau, indignada. Sabía que no era conveniente seguir con aquella discusión, sobre todo ahora que Alex, quien la había invitado a la fiesta, había salido a la tienda, dejándola sola entre aquellos desconocidos—, incluso le estás haciendo un favor a la chica.

—¡¿Y tu por qué te enojas?! —estalló, plantándose delante. Otras personas comenzaron a prestar atención a lo que ocurría—, no tienes nada que ver aquí.

—Me enojo porque ninguna mujer merece que se expresen así de ella. Un hombre que vale la pena no diría palabras como esas, mucho menos a sus espaldas.

 

La música ahogaba los murmullos de los espectadores. Pau se sintió pequeña. No estaba segura de que aquellas personas fueran a dejarla tranquila. Como esperaba, el aludido se puso colorado hasta las orejas. Tenía apretados los puños, la observaba en evidente debate interno, ¿se atrevería a tocarla?

—¡Wow!, ¿Qué está pasando aquí? —Alex entró a la sala cargado de bebidas. En cuanto vio la escena, supo que algo iba tremendamente mal. 

—¡Mira que tiene carácter la niña que trajiste!

—Pau, ¿Qué te dijeron mientras no estaba? —Alex se puso pálido. Dejó lo que llevaba sobre la mesa e intentó acercarse a su amiga, pero ella le apartó con disgusto. 

—Sería mejor que no volvieras a dejarme sola con ellos.

—¡¿Es en serio?! —Alex se dirigió a sus amigos—, les pedí que fueran amables, saben que ella es importante para mí. 

—Tú querías que la conociéramos, pues me caga. Y ahora veo que te avergüenzas de mí.

 

Alex se quedó pasmado en el sitio. Los invitados apagaron la música para terminar de enterarse de lo que ocurría, mientras Paulina recogía sus cosas y avanzaba a la puerta.

—No me avergüenzas —mintió Alex, observando de reojo a Paulina, preguntándose si debería seguirla, o quedarse en la sala para arreglar el embrollo.

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