Reto Dieciocho – Pau Treviño – Las palabras justas

Las palabras justas

 

El padre de Pau esperó a que ella se colocara el cinturón, antes de emprender el camino.

—¿Cómo te fue, hija?

—La prédica me gustó. El pastor habló sobre algunos puntos que deberíamos tomar en cuenta antes del matrimonio: lo primero es tener claro que nuestra relación con Cristo es lo más importante, vivir conforme a esa verdad. Lo segundo, entender el propósito que Dios tiene para nosotros. Por último, encontrar una persona que sea compatible con lo anterior. Si invertimos el orden, nos metemos en problemas— ironizó. 

—Pues si. Bastante complicado es mantener una relación, como para no estar de acuerdo en lo fundamental, ¿no crees?

 

Ella asintió, se le había formado un nudo en la garganta.

—Cuando pienso en esos temas me siento triste. Supongo que es normal —Pau desvió la mirada—, los tengo a ustedes, mis amigos son increíbles… pero me siento sola. Sobre todo cuando veo a otras parejas. Pienso en que me gustaría sentirme como ellos, enamorarme de la persona correcta —exhaló suavemente, se limpió las lágrimas de las mejillas, luego continuó —, pero cada vez que me interesa un muchacho termino sintiéndome culpable, como si no fuera correcto sentirme así.

—No deberías sentirte mal, Pau. Se supone que el enamoramiento es una etapa bonita—.

 

El padre no apartó la vista del camino, para alivio de su hija. No le gustaba que la observara llorar, en especial en situaciones así, al exponer ideas íntimas.

—Cuando le hablo a mamá de éstas cosas, dice que soy ridícula. Tal vez es verdad, pero si es importante para mí, creo que debería ser más empática. Es lo que hacen los padres, ¿no?

—En la guantera están los clínex —interrumpió con cautela. 

—Gracias —rió, limpiándose antes de continuar—, por ejemplo la última vez,  ¡Me sentía tan ilusionada!, le expliqué por qué me había fijado en él… cosas como que es un chico muy abnegado. Incluso se olvida de dedicarse un tiempo a sí mismo, por las responsabilidades de la universidad, el trabajo y la Iglesia. Le conté que es la clase de persona a quien le gusta aprender, que no le cuesta reconocer cuando ha cometido algún error… Y bueno, madre dijo que merecía algo mejor, pero ninguno de sus puntos guardaba relación con el tipo de persona que es él, sino con su familia, su economía y su físico. Me molesta que hable de ese modo, porque no se fijó en nada de eso cuando te eligió a ti. 

—Tienes razón. Es curioso que te diga esas cosas porque es justo lo que le molestaba de su madre… pero la entiendo. A todos los padres nos gustaría que nuestros hijos escogieran a alguien que pudiera brindarles estabilidad desde el inicio, en todos los aspectos posibles. 

 

Guardaron silencio unos instantes. Luego él la tomó de la mano.

—Lo más importante es que escojas a una persona que tenga a Dios en su vida, y cualidades como las que mencionaste. La estabilidad económica llega después. Tu mamá y yo no la teníamos cuando nos casamos, batallamos muchos años para levantar el negocio. Pero, ¿sabes qué, Pau?, tengo la seguridad de que vas a reconocer a tu esposo cuando lo veas—. Paulina relajó los hombros. Eso era justo lo que necesitaba escuchar. Tal vez no terminara de creerlo, pero escucharlo de labios de su padre le devolvió la seguridad que necesitaba.

 

—Espero que también me reconozca —sonrió, devolviendo el paquete de clínex a la guantera—, los dejaré allí para la próxima— rió junto a su padre. 

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Esta entrada tiene un comentario

  1. romina

    Revisa las acotaciones, deben ser necesarias y sentirse naturales. No van puntos entre raya y acotación. Ni tampoco se termina un diálogo con guión y punto.

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