Reto Diecinueve – Pau Treviño – El Sobre con su nombre

El Sobre con su nombre

 

Se habían presentado muchos obstáculos. Sin embargo, allí estaba. Sentada junto al fuego, cerca del resto de jóvenes de la Iglesia apuntados al campamento. El pastor se plantó frente a todos, anunciando que la dinámica de cierre estaba lista.

—En la cruz de madera encontrarán un sobre con su nombre. Contiene un versículo para ustedes, ¡pero no crean que ha sido cosa de azar!, cada uno de sus líderes se ha tomado el tiempo de escucharlos. Los conocemos, y las palabras que leerán esta noche son premeditadas, queremos llegar intencionalmente a sus corazones. 

 

Todos se pusieron en pie. Paulina les observó con cariño, prestando especial atención a los rostros expectantes, a las manos temblorosas que rompían los extremos de los sobres para extraer los versículos. Su corazón latió con rapidez. A su alrededor surgían reacciones de todo tipo : risas, llanto, asombro, frustración…

“No te emociones Pau. Si generas mucha expectativa terminarás desilusionándote” pensó.

—Pequeña, ¿no te das cuenta?, es justo en instantes como estos que deberías permitirte sentir. Permite que tus expectativas crezcan, porque tengo palabras importantes para ti esta noche —hablé, intentando que me escuchara. 

 

Luego la observé rezagarse, hasta que quedaron apenas un par de sobres en la cruz. Se le había formado un nudo en la garganta, incluso antes de leer el versículo : 

 

Por donde andes, yo estaré contigo, no temas del futuro porque siempre estaré a tu lado. Te guiaré y haré cosas grandes por medio de ti para mi Gloria. 

 

Leyó una vez. Dos veces… el líder de jóvenes se plantó a su lado, preguntándole cómo se encontraba. 

—Creo que ahora entiendo, ya no me siento sola.

—Pau, tu nunca has estado sola —hablé a través de aquella persona que la acompañaba, colocando una mano en su hombro infantil—, ¿Lo sabes, verdad?

Conmovida, abrazó al líder de Jóvenes, respirando a ritmo entrecortado.

—¿Hay algo más que quieras decir?—preguntó, apartándola para ofrecerle un clínex. 

—No quiero volver a sentir miedo del futuro, Jose Juan. Quiero creerle a Dios, y vivir conforme a las palabras que me ha revelado en el transcurso de las últimas semanas, en especial ahora.

—Bien, puedes apartarte un momento y decírselo.

 

Mi niña se alejó de la escena del fuego, para encontrarse directamente conmigo… 

 

—Padre — apretó el versículo contra su pecho—, perdóname por haber sido tan testaruda. La verdad es que yo no quiero estar lejos de ti… a veces me siento pequeña, incapaz de lograr grandes cosas. Cuando no estás a mi lado esa es la realidad. Te necesito. Cuando estás conmigo encuentro grandeza en mis palabras, en mis actos, en mis intenciones. Soy tu herramienta, y aunque muchas veces no entiendo la manera en que me utilizas, sé que son cosas que revelarás a su tiempo, ¡Abrázame, por favor!, ¡No me sueltes!

—No temas del futuro, porque siempre estaré a tu lado —insistí, abrazándola. 

—¡No me sueltes nunca, por favor!, renuncio al temor, a las dudas, ¡permíteme vivir con propósito! 

—¿Estás segura? —sonreí, confrontándola con cariño—, ¿estás dispuesta a cumplir con los propósitos que he pensado para ti?

—Te pido que te lleves de mi vida todo aquello que no sea digno de ti —pidió, conmoviéndome con sus lágrimas. 

—Muy bien Pau, te he escuchado.  

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Esta entrada tiene un comentario

  1. romina

    Muy bien el texto. Ahora a corregir, ortografía y que el narrador no se confunda…

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