Reto de corrección.

A diario reflexiono acerca de lo que ha pasado en mi vida, lo que vendrá y lo que ya vino, sin embargo, cada vez más frecuentemente recuerdo mi pasado, que comenzó a hostigarme.

En las noches me veía a mí mismo en salas de hospital, preparándome para diversos estudios. Nunca tuve buena salud, para ser honesto, pero sabía que la cantidad de análisis que me hacían realmente demasiadas. A pesar de que desde chico fui muy inteligente, era torpe y débil, y carecía de condición física.

Tiempo después, me enteré de que nací con una extraña condición, la Distrofia muscular de Duchenne. Esta enfermedad me provocaba muchísimas dificultades para hacer actividades físicas, y me hacía ser muy débil. Los doctores intentaban confirmar el diagnóstico por medio de estudios excesivamente dolorosos, donde lloraba a más no poder y sufría demasiado.

Se perdieron mis expedientes 2 ocasiones distintas, por lo que tuve que volver a pasar por ese infierno. Al final los doctores confirmaron el diagnóstico, y les dijeron a mis padres que posiblemente dejaría de caminar a los 9 años, y a los 11 años moriría. Obviamente se veían destrozados y lloraban a más no poder, pedían a Dios que todo mejorase y que pudiese ser curado.

Escuché a mi papá lamentarse durante semanas, pues había perdido su trabajo y estábamos perdidos, aparte de que yo no tenía esperanza alguna. Eso me hizo entristeció, pero a la vez me hizo sentir que les hiciera ver que no todo estaba acabado. En ese entonces, entré a la primaria, y sufrí de exclusión, insultos y golpes. A pesar de eso, yo era feliz, porque mis papás siempre estaban a mi lado en las buenas y en las malas.

Un día, en segundo de primaria, me empujaron y caí al suelo sin poderme levantar. Una simple caída había provocado una lesión que no me permitía moverme en lo absoluto. Mis padres estaban aterrorizados, y pensaron que eso era el inicio del fin, pero al final pude volver a caminar.

Al cumplir los 10 años, curiosamente seguía caminando. Un día, en clase de iglesia dominical, a mi mamá le tocó darnos clase, y todos comenzamos a orar. Comencé a sentir un dolor punzante en el pie, que me estaba haciendo llorar. En ese momento, mi mamá me quitó el tenis y los calcetines, y pudo ver que me había aparecido el arco en los pies de un momento a otro. El arco apareció por sí solo, y pensé que por fin podría ser un chico normal.

Volvimos a realizar los estudios que me hicieron cuando era pequeño, y esta vez el resultado fue negativo. De alguna manera, esa enfermedad que parecía ser incurable, había desaparecido. Aprendí que debía de vivir dando lo mejor de mí, pues la vida es un recurso único y extremadamente valioso. Gracias a que mis papás me apoyaron en momentos tan complicados es que hoy en día estoy completamente orgulloso de decir que estoy vivo. Todo lo que ocurrió fue un milagro, y ahora los días de angustia terminaron, y disfruto de una vida completamente nueva. Se acabó el dolor, y comenzó la felicidad.

JRichardGtz
Author: JRichardGtz

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