Reto Correción: Desde que te vi.

Emmanuel era un chico de veinticinco años que vivía en un edificio a las afueras de Ciudad de México. Amaba jugar fútbol con sus compañeros de trabajo e ir de antro con los amigos, sin embargo, debido a la pandemia de COVID-19 que azotó al mundo, tuvo que dejar de lado sus hobbies para permanecer resguardado en las frías y blancas paredes de su departamento.

Tras unos días, las películas y redes sociales no le eran suficientes pare distraerse, por eso, tomó la iniciativa de admirar por las tardes el paisaje taciturno del complejo urbano; y entre la quietud imperante, halló algarabía, cuando notó que una enfermera de belleza singular andaba con evidente fatiga hasta el rascacielos contiguo. Miró su reloj y memorizó la hora. Se llenó de gozo cuando confirmó que, efectivamente, la señorita, de lunes a domingo, caminaba por las desoladas calles en un mismo lapso. Sin querer, o, quizás queriendo, admirar la delicadez de sus movimientos y facciones se convirtió en su mejor pasatiempo.

Pero, una noche, los gritos de una turba lo hicieron despertar. Somnoliento y arrastrando los pies, Emmanuel se dirigió a su balcón. Pestañeó un par de veces hasta que reconoció a la enfermera siendo echada fuera de su hogar. Se colocó las pantuflas y fue hasta la acera donde acontecía el conflicto. Las personas alegaban que todo aquel que hubiera tenido contacto con infectados de coronavirus debían ser exiliados por ser posibles portadores. Y, aunque la chica explicó que laboraba en pediatría, sus clamores no surtieron efecto.

Emmanuel se armó de valor y atravesó la barricada humana que asfixiaba a la joven. La abrazó y ella, no entendiendo qué ocurría se rehusó a seguirlo, pero, al mirarlo a los ojos, todo quedó en silencio, la paz inundó su torrente sanguíneo. Él le ofreció asilo durante algunas horas. La enfermera dudó algunos segundos, pero al verse cobijada y protegida, accedió.

Las cosas empeoraron tanto que la chica no pudo volver por sus pertenencias, y se vio obligada a permanecer con el hombre que le tendió la mano. Y, aunque al principio sus charlas eran cortas y superfluas, poco a poco fueron acercándose entre comentarios coquetos. El primer beso surgió tras reflexionar la situación que atravesaban, y, concluyeron que, de no haber sucedido las cosas así, jamás se hubieran encontrado.

Emmanuel Reyes Pérez
Author: Emmanuel Reyes Pérez

Escritor por amor

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Emmanuel Reyes Pérez

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