RETO CORRECCIÓN: “Una mancha”

Miguel para conocerme mejor quiero que sepas que soy meticuloso y desconfiado, aunque no siempre lo fui, y quiero decirte que lo provocó, quebrando, endureciendo y transformando mi alma.
Todo inició en mi cumpleaños cuando me ascendieron de puesto y brincaba emocionado de gusto al enterarme que el esfuerzo de años al fin daba frutos.
En un par de meses obteniendo buenos resultados en evaluaciones, innovando y poniendo orden, notaron que mi experiencia y buen equipo cumplían sus altas expectativas .
Al mes siguiente solo tenía un asunto pendiente, habilitar en bodega una puerta que obstruía la correcta recepción de mercancías. Se me autorizó para repararla y el proceso se mejoró, y con ello comenzó mi angustia.
Transcurrieron semanas y no quería salir con mis amigos, comía menos de lo acostumbrado y notaban en mi rostro ausencia de alegría, todo a mi alrededor se manchaba de oscuridad.
En el trabajo realizaba lo indispensable de entrada por salida y mi equipo pensaba que estaba molesto con ellos, pero te confieso Miguel que no era eso.
No dejaba de repetirme que la mejor opción era abandonarlo todo, en las noches no descansaba y durante el día me martirizaba prestando intensa atención a cada cosa que sucedía a mi alrededor, me sentía prisionero y vulnerable en una cárcel de cristal, tanto que sentí que no valía la pena vivir tan preocupado.
Durante semanas mis pensamientos distraídos daban vueltas interminables y lastimé con mis acciones incoherentes a los que me rodeaban. Quería acabar con mi sufrimiento desapareciendo sin dejar rastro.
Sin más por hacer decidí renunciar para aligerar mi carga, se negaron porque los resultados aún eran buenos. Ellos no entendían mis motivos y acciones arrebatadas y sé Manuel que tampoco tú entiendes, pero te lo explicaré.
Al rechazar mi renuncia se me cerró el mundo durante meses por lo que recurrí al “Departamento de Recursos Humanos”.
No puedo olvidar que la jefa de R.H., la gerente y mi superior pedían explicación coherente de mis decisiones y con nudos en la garganta y con la voz quebrada se los expliqué hasta ese día:
Laboraba en el turno de noche días después de habilitar la puerta en bodega, un señor con suéter deambulaba por los pasillos, lo miraba con cuidado, parecía que quería robarse algo, mantenía las manos dentro de las bolsas del suéter. Se acercó decidido, preguntandome quien era mi jefe, porque se habilitó la puerta en bodega y más, le oculté que yo era el jefe.
Me dijo que sabía quien soy, donde vivo, la hora en que llego y me voy, confuso en mis pensamientos intentaba entender porque me lo decía. Con voz de mando y dejándome entre ver desde su suéter un arma que empuñaba enfatizó que sabía que yo habilité la maldita puerta, puerta que debía permanecer cerrada si valoraba mi vida. Me quedé completamente quieto y mientras él salía no pude reaccionar.
Durante meses él y sus seguidores no me dejaron tranquilo, a pesar de que cerré la puerta siempre tenía a alguien observando cada paso que daba, ellos desconfiaban de mí porque sabía más de lo que debía, aquella puerta que agilizaba un proceso en mi trabajo dejaba al descubierto el suyo y no les convenía. De enterarme antes nunca la hubiese abierto, eso provocó sus acosos y mis desvelos, manchando mis pensamientos por completo.
En la sala no pude contener el llanto, ni ellos podían al comprender lo que me sucedió.
Si Manuel, viví días de tristeza y angustia que me volvieron frío y crudo. Te aseguro que luché y entendí que mi novio me fortaleció al escuchar y comprender, logré vaciar mis temores y desconfianzas, y con el tiempo pude ser cálido y confiar, confiar como la hacía antes.

                                                                                                 Moises Benav

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Author: zeltic24mh

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