Reto corrección: Romance en cuarentena.

Encierro y cuatro paredes, estoy harto… Armo el atril y preparo mi teclado para ahogar los sonidos de las noticias alarmantes que se filtran por los muros de madera prefabricada de mi cuarto. Las teclas blancas y negras alternadas de mi instrumento producen un brillo metálico al reflejo de la luz rojiza que ingresa por mi ventana; empiezo a tocar y silencio al mundo. El aire eleva los acordes como aroma etéreo que escapa de mis dedos y fluye hacia mis oídos; cierro los ojos y me fundo en el órgano electrónico. Libero mis manos, presiono y suelto, hasta que en medio de la música envolvente una melodía suave acaricia mis tímpanos. Entreabro los párpados y agudizo el oído: es una voz de mujer. Levanto las manos y el canto se detiene. Reinicio y mi acompañante sigue.

Tarde tras tarde la rutina se repite; debe tratarse de alguna nueva vecina que se mudó poco antes del encierro global. Sin darme cuenta me acostumbro al arrullo de su canto y rebusco canciones con mi teclado solo para que pueda acompañarme. Un día no asisto a nuestra cita tácita por un retraso en la cocina luego del que solo se me antoja descansar, pero unos golpecitos secos en mi pared de madera me secuestran del letargo. La cantante me pregunta, en timbre alto y delicado, si acaso no voy a tocar como lo vengo haciendo diariamente. Con voz gangosa respondo que estoy desanimado, pero ella ríe y responde que ella no. No logro articular respuesta en cuanto me sorprendo armando el atril y acondicionando mi instrumento. A los pocos minutos hemos reiniciado el concierto.

Terminamos. Ella me dice que se encuentra haciendo venias y agradeciendo a los asistentes; yo no logro evitar reír y le respondo que me ha robado la iniciativa. En pocos minutos intercambiamos números de celular y nuestras presentaciones privadas se mantienen al ocaso, seguidas de largas sesiones nocturnas de conversaciones por teléfono. Nuestra soledad se ha convertido en algo puramente físico y yo no dejo de sorprenderme de lo compatibles que somos. Las noches se suceden…, ambos sabemos que tenemos un amigo al otro lado de la pared; aunque yo sospecho, claro, que al término del encierro podríamos ya ser algo más.

Eduardo Burgos Ruidías.

burgos2099
Author: burgos2099

0

Esta entrada tiene un comentario

  1. romina

    falta lectura de corrección. Errores de dedo y repetición. La historia muy buena.

Deja una respuesta

15 + 20 =