Reto de Corrección Semana santa: Mi rosa

Mírala, está ahí siendo hermosa sin siquiera saberlo. Su color rojo es tan intenso; jamás había visto una rosa como esa. Mis ojos se encandilan, ni siquiera puedo dejar de ver sus espinas, tan afiladas cuidando de su belleza. La habitación está inundada de su aroma; podría estar aquí todo el día sin cansarme de olerla.

Pienso en lo mucho que la quiero mientras acaricio sus pétalos, tan suaves, incluso froto uno de ellos contra mi mejilla. Es como tocar el cielo. Debo tenerla, sentir sus caricias cada mañana en mi piel y embriagarme con su fragancia por las noches. Hacerla bailar me llena de una alegría que no sabía que existía, yo bailo también.

La necesito y quiero llevarla a casa, así que la tomo entre mis dedos para cortarla y me pincho con una de sus espinas; la cual se adentró en mi pulgar y al querer tocarla ya no está, solo quedo una diminuta gota roja sobre el tallo, que nunca quiero limpiar, porque siento que, de esa manera, la rosa tiene algo mío. Que tenemos algo y lo hemos sellado con un pacto de sangre. Un secreto entre ella y yo. Entre sus pétalos y mi piel.

Aún me pongo nerviosa con solo recordar el tacto suave recorriendo cada centímetro de mi cuerpo, como mis labios la besaban, mi nariz al inhalar su perfume, tratando de hacerlo eterno.

La rosa se ha marchitado en un rincón de la casa, mientras yo vivía y deje de notar que su aroma se volvía más tenue con el paso de los días. La miro, y no puedo creer que el tiempo se la esté llevando; la está alejando de mis manos, de mis labios y de mis sentidos. Pero no importa si la eternidad no es para siempre, si sus pétalos se secan y se rompen entre mis dedos, yo los dejaré ir con el viento.

 

Karen Salas

kayuri.books
Author: kayuri.books

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Esta entrada tiene un comentario

  1. alkysirez

    ¡Espléndido escrito, Karen!

    Amé esa rosa que describías y me dolió verla marchitada cuando el tiempo se la llevó.

    Me encantó.

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