Reto Corrección – La avispa – (reto7)

Faltaban escasos segundos para que se acabara el combate.

Dentro del cuadrilátero yacía completamente cansado, apenas podía mantenerme en pie, y mis brazos tensos se inclinaban a bajar la guardia, pero me negué rotundamente. Así que le provoqué a mi oponente, llamándolo con el puño izquierdo a que se viniera sobre mí con todo lo que le sobraba de energía.

Esto no se acaba hasta se acaba, me dije. De pronto, mi rival se aventó con dos jabs izquierdos a manera de finta, sabía que golpearía abajo y luego arriba, seguido de otras combinaciones pero siempre repitiendo el mismo patrón.

Mi plan era resistir la lluvia de golpes hasta agotarlo, y cuando este finalmente bajara su ritmo, atacaría con toda mi artillería. Pero, desafortunadamente era lo que él esperaba que yo hiciera. En cuanto fijo una brecha en mí aprovechó para contragolpear con un potente cruzado directo hacia mi mandíbula. Caí a la lona. Todo me daba vueltas. Intenté pararme. No pude.

¡Maldición! ¡Maldición! Exclamé en mi interior ¡Levántate! ¡Tin, tin, tin! sonó la campana.

Mi entrenador ingresó a la plataforma, se veía asustado, me ayudó a sentarme en la banquilla, después, pasó la tolla por todo mi cuerpo y preguntó si podía escucharlo, asentí. Me sentía mejor. «Buen trabajo, muchacho», me dijo. Me dio de beber agua y luego se volvió hacia el referí para decirle que me encontraba bien.

Con los puntajes en las tarjetas, el referí llamó al centro para anunciar al ganador, ¿acaso no era obvio el resultado?  Me bajé furioso del ring, decepcionado de mí y mi talento (si es que lo tenía).

Era la cuarta vez que perdía un campeonato regional. Y no iba a sopórtalo una quinta. Yo de verdad quería ser campeón, estaba convencido fervientemente de ello, sin embargo, de nada me había servido entrenar como loco  y recorrer kilómetros de distancia para aumentar mi resistencia. Les había dicho a mis amigos del barrio, del colegio, a la maestra de sociales, que ganaría. Qué gran mentira. «Ya es hora de colgar los guantes y regresar a mi vida normal», pensé, frustrado de mi incompetencia. Y en esa larga caminata de regreso a casa unas sabias palabras iluminaron mi mente: «Que no te afecte el perder una batalla, alégrate más bien, porque te irás fortaleciendo sin que te des cuenta. Eso forja a los buenos boxeadores.

Él tenía razón, no debía renunciar al deporte. Yo era obstinado, por eso había perdido cuatro veces. Esa era mi mayor virtud. Había dado un buen combate, y aunque mi rival se llevaría la medalla de primer lugar, yo me llevaba algo más valioso: su experiencia para mis futuras batallas.

(Relato basado en mi amigo de la adolescencia cuando solíamos entrenar juntos. Le decían la avispa, por lo rápido que eran sus golpes).

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Matricx Brayeen Ricopa Perez
Author: Matricx Brayeen Ricopa Perez

23 años

Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. romina

    Cuida la repetición de palabras y acentuación

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