RETO CORRECCIÓN – SEMANA SANTA – HUGOL

La caja de regalo yacía sobre la mesa rodeada en un ambiente de misterio que solo era interrumpido por el brillo de las luces navideñas. La envoltura de papel metálico en color azul, engalanado por un moño blanco, me invitaba a abrirlo cuidadosamente, como el antropólogo que recién descubre vestigios de una civilización antigua y se prepara para seguir excavando.

Me acerqué con cuidado a la caja. En mi rostro se dibujaba una gran sonrisa y mi corazón latía a mil por hora. Mi mente repasaba una serie de opciones tratando de adivinar cuál sería el regalo que me había traído Santa Claus esa navidad. Dejé a un lado el papel y abrí la caja.

¡Sorpresa! Ahí estaba.

La tela tipo poliéster, en color blanco, con vivos en azul marino en las mangas, con el escudo de un equipo de fútbol europeo en la parte frontal y con un nombre y un número 9 en la parte trasera, hizo que mi expresión alegre se desbordara en un grito de emoción y júbilo. ¡Era una camiseta de mi jugador favorito! Hugo Sánchez.

Desde muy pequeño admiré al mítico jugador mexicano que, a finales de los años 80´s y principios de los 90´s, triunfaba en Europa con el equipo del Real Madrid. Todos los domingos a las 10 de la mañana la televisora local transmitía sus partidos. Era un deleite verlo correr en el campo con su melena al ritmo del viento, o verlo superar a sus rivales con sus gambetas, o definir los partidos elevándose en el aire, alzar las piernas y patear el balón hacia la portería, en una especie de chilena. ¡Era mágico verlo!

Por eso, esa noche de diciembre del noventa y seis, en la sala de la casa de mis padres, mi sueño se hizo realidad. Una camiseta del Real Madrid, con el nombre de “Hugo Sánchez” y el número “9” en la parte trasera, me llenaba de gozo y alegría. Con gran cuidado me lo coloqué, estiré mi mano para acomodarlo de la mejor manera y corrí al espejo de mi cuarto. ¡Me quedó a la perfección! Viéndome en el espejo, recordé todas las veces que soñé con esa camiseta cuando en las cascaritas de futbol con mis amigos del barrio, emulaba a Hugol (como le apodaban en esos años) y me alzaba en los aires para hacer una chilena. Nunca metía gol, pero si me llevaba varios golpes en la cabeza. ¡Qué tiempos aquéllos!

Nunca usé mi camiseta. Pero aún la conservo como uno de los más grandes tesoros de mi adolescencia y de la gran admiración que siento por el mejor jugador mexicano: Hugo Sánchez.

 

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Author: alkysirez

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Esta entrada tiene un comentario

  1. kayuri.books

    Hola Manuel, me ha encantado leerte, expresas muy bien la emoción, la felicidad por tener algo que querías cuando eras niño.

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