Reto: Corrección “Mobbing”

Estimada Idalia:

No te lo había dicho antes, pero te admiro. Eres una profesional muy responsable. Siempre llegas muy puntual a trabajar, entregas a tiempo tus informes y cumples cabalmente con tus asignaciones. Eres una mujer luchadora y organizada, pendiente de tus hijos, supliendo lo que necesitan y corriendo de aquí para allá. Tu porte alto y caminar decidido reflejan un aire de seguridad en ti misma. Amas la lectura llena de romance y pasión. Y aunque ser madre y profesional es todo un desafío, tus manos, impecables y bien arregladas, reflejan que aún te queda tiempo para consentirte.

Con todos esos atributos no lograba comprender por qué, terceras personas, se detenían a advertirme de ti: ¡Ten cuidado, no confíes tus ideas ni comentes cosas personales con ella! ¡No se te ocurra hacerla tu socia en la consulta privada! ¡Ella es una víbora! A pesar de todas estas declaraciones, decidí conocerte y sacar mis propias conclusiones. 

Nos hicimos más cercanas y pasábamos mucho tiempo juntas, dentro y fuera del trabajo. Pero, empecé a notar que tu comportamiento cambiaba cuando compartía con otras personas o cuando hacía algo sin contártelo. Te volviste ambivalente; unos días me hablabas bien, y otros no me determinabas. Empecé a dudar de ti. Sobre todo, cuando me dijiste en tono amenazante: “A las buenas, soy muy buena; pero a las malas, yo soy más mala”. Lo pronunciaste con esa mirada, que había visto algunas veces, ensombrecida por una maldad, muy profunda, proveniente de tu ser. Estaba muy triste porque empezaba a entender aquellas advertencias que un día decidí ignorar.

Todavía no había entendido bien tu tenebrosa declaración, cuando empecé a sentir sus efectos. Una tensión muy fuerte, en el ambiente laboral, crecía cada día más. Primero, los compañeros; luego, las asistentes de consulta externa; por último, los médicos del equipo. Parecían volverse contra mí sin explicación aparente. Comenzaron a ignorarme en las reuniones, ya no me tomaban en cuenta para los desayunos de los viernes. Ese silencio incómodo cuando aparecía, el dejarme hablando sola y los saludos sin responder, se fueron propagando como una epidemia muy contagiosa en el equipo. Tu capacidad de manipulación es excepcional. Incluso, lograste ponerme en contra del Paidopsiquiatra, aprovechando aquel momento en el que me defendí por una falsa acusación. Lo peor es que no respetaron mi embarazo, haciendo que un lindo período se convirtiera en un infierno. 

Pero la luz de la verdad siempre ilumina en el momento preciso; pues la investigación que se inició, tras poner mi denuncia, te ha encontrado culpable. Fuiste tú, la autora intelectual del acoso en mi contra. Por eso, me han transferido a un nuevo departamento con un nuevo equipo; mientras tú, tendrás que ir a terapia como medida correctiva. Hubiese preferido arreglar las cosas de otra manera, pero te rehusabas a conversar conmigo. No sé qué fue lo que te llevó a todo esto, pero tampoco quiero que lo aclares ya. Sólo entiendo que no es la primera vez que lo haces ¡Pero conmigo, sí será la última!

-Saranyi Drisselley- 

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