RETO 9 (Corrección RETO 7)

Ahí estaba yo con mis manos temblando y caminando por todos lados, inquieto pues nunca había tenido que enfrentarme a esto.

Me había preparado desde temprano para un evento formal al cual debía asistir portando traje y zapatos elegantes. Después de medio día quedé libre, al ver un par de rosas en un adorno las tomé y salí embarcado hacía la aventura. En mi mente me decía que si ya estaba tan cerca de su casa entonces poco costaría llegar a mi destino.

Una vez que subí, me senté al fondo del camión y en mi mente comencé a visualizar la escena: un chico de lentes vestido de traje con su maletín a un costado y rosas en la mano. Me predispuse a creer que otros me verían como alguien ridículo o al menos poco usual a esa hora del día en el fondo de un autobús. Sin darme cuenta, y tratando de no dar más oportunidad a mi paranoia, llegué al final de la ruta y bajé para seguir a pie cuesta arriba por la colina que llevaba hasta su hogar.

Repasaba mi plan una y otra vez, a mi parecer era simple e ingenioso, le iba a mandarle mi ubicación para que saliera buscándome, pero se encontraría con 3 rosas en su puerta mientras yo miraba oculto a lo lejos. Seguí el plan tal cual lo planteé y esperé. Esperé. Esper. Desesperé y decidí marcarle para que saliera encontrara mi regalo.

Estaba dispuesto a retirarme, pero si ya había llegado hasta ahí quería ver el final de todo el acontecimiento, así que me acerqué y al hacerlo me recibió con una grata sonrisa y un cuestionamiento tremendo de mis intenciones. Al principio intente escudarme diciendo que era un simple detalle, pero ella insistió en el tema y ahí estaba, yo con mis manos temblando y caminando por todos lados, inquieto pues nunca había tenido que enfrentarme a confesar mis verdaderos sentimientos, mis verdaderas intenciones. Mi corazón me aturdía y mi quijada se trababa mientras mi mente aceleraba a cada segundo que pasaba. Este era el momento de la verdad, las dos palabras más difíciles de pronunciar querían salir y al mismo tiempo quería enterrarlas. Debía decidir qué hacer, callar y perder la oportunidad creada, o aprovechar ese momento y lanzarme a lo desconocido.

Me armé de valor y me forzaba por pronunciar esas dos palabras con miedo al rechazo, con miedo a no poder retirar lo que diría, con temor a sentir rechazo y distancia a partir de ese momento. Pero algo en mi decía “si ya pasaste por todo el trayecto, subiste la colina y esperaste en el fondo del autobús ¿qué te queda por perder?”. De mis labios salieron dos palabras que inmediatamente dibujaron una sonrisa en su rostro colorado. Me miraba a mí y a las rosas como en una especie de bucle, mientras yo quedaba absortó por la sensación de libertad que invadía mi corazón, convirtiéndolo en ligera espuma mientras esperaba escuchar una respuesta que resonará con mi confesión, y esa… Bueno, esa es otra historia.

Desde el fondo de un autobús con flores en mano, Carlos.

carlozmoran
Author: carlozmoran

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Esta entrada tiene un comentario

  1. Minerva

    Que linda historia, gracias por compartir estas emociones que dan los primeros encuentros, el nerviosismo de la duda y el arrojo de dar el primer paso.

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