RETO 9. CORRECCIÓN. “EL BÚHO”

EL BÚHO

Fui diagnosticado con ansiedad. Mi ansiedad, sé que se debe a que no duermo cuando “las personas normales duermen”, o al menos eso dicen mis padres. Desde que nos mudamos a estos departamentos tengo insomnio. Y fumo demasiados cigarrillos. 

 

Todo comenzó la tercera noche después de la mudanza, estaba durmiendo en mi nueva habitación, la cual era amplia y lo mejor es que tenía una linda terraza. Como el departamento estaba ubicado en un séptimo piso tenía una vista envidiable. Esa noche desperté con un ruido proveniente de la puerta de la terraza que había decidido dejar abierta. Estaba muy cansado porque había desempacado durante el día, así que, decidí que no pasaría nada si se quedaba abierta la puerta, después de todo ¿Quién podría entrar por un séptimo piso? Tendría que ser un ladrón con poderes sobrenaturales o alas.

 

El ladrón que entró esa noche, si tenía alas. De hecho, no era un ladrón común y corriente. Era un ladrón de sueño. De haber sabido todo lo que ocurriría, me habría levantado a cerrar esa maldita puerta, pero mi pereza me convenció de volver a dormir.

 

Estaba conciliando el sueño nuevamente cuando lo vi por primera vez; ahí, parado en mi escritorio junto a mi computadora: un búho. Como era de esperarse me llevé un buen susto, y me levanté de la cama de un brinco. El búho por su parte no se inmutó, me miraba con sus grandes y redondos ojos persistentemente. Implausible.

 

No quería despertar a mis padres y mi hermana que dormía al lado no sería de ayuda. Así que, lentamente me acerqué al interruptor de luz que titilaba una tenue luz roja, el búho con sus amarillos ojos siguió cada uno de mis pasos. Cuando al fin alcancé prender el foco de mi habitación, el búho desapareció. Si, sé que suena demente pero no advertí cuando salió volando, el animal simplemente desapareció.

 

Estaba confundido y un poco asustado, cuando era pequeño mi abuela me había contado una historia referente a los búhos, decía que esos animales gustaban de la compañía de fantasmas, y que en ocasiones podían ser brujas disfrazadas. Busqué con la mirada en cada rincón de mi habitación al búho, pero no lo encontré. Me acerqué despacio a la terraza y para mi sorpresa el búho estaba parado en un árbol cruzando la calle, en dónde había un pequeño terreno baldío que seguramente pronto convertirían en condominios.

 

Nos miramos fijamente unos segundos, después hubo algo que capturó mi atención por completo, el silencio. Un silencio poco común en la ciudad. Es un privilegio poder disfrutar eso en una ciudad, aunado a la hermosa vista del departamento, olvidé al búho y me detuve a contemplar lo que tenía frente a mí.

 

Al otro lado de la calle estaba un edificio con departamentos similares al de nosotros, junto un pequeño local de comida corrida, y una cafetería. En la otra esquina había casas de gente muy rica, lo sé porque se podía ver que algunas tenían alberca en su jardín, y en esta ciudad tener alberca es un lujo. Más allá de las casas de los privilegiados, se veía un parque, con unos pocos faroles, y mucho más lejos dónde se veían todas las luces, estaban los bares y centros nocturnos, los comercios, la zona de la ciudad que nunca duerme, por suerte estábamos alejados de ese lugar y podíamos gozar del silencio. Decidí dejar de lado el incidente con el búho que seguía mirándome desde el terreno baldío entre la cafetería y los condominios. Seguramente lo había imaginado todo.

 

Como ya estaba despierto y un poco nervioso, opté por fumar un cigarrillo para relajarme. Nada como un cigarrillo y esa vista para calmar mis nervios. Mis padres no aprueban que fume por eso insistí en que me dieran la habitación con terraza, de esa forma podría escabullirme a fumar cuando quisiera.

 

Había una brisa fresca y no se veía nadie en la calle, pude ver que alguien prendió una luz en los departamentos de enfrente, al menos no era el único con insomnio; di un último jalón al cigarrillo, contemplé la ciudad, de noche parecía un lugar tranquilo, libre de peligro, el parque que estaba a unas cuadras se veía acogedor, como un recordatorio de que no todo es metal y concreto en este ajetreado ambiente citadino, trate de ver alguna estrella pero a pesar de ser una noche despejada no se veía ninguna, supongo que por la contaminación y todo eso, la verdad es que nunca me interesé por los temas ecológicos pero mi hermana constantemente se quejaba de la contaminación lumínica. Lancé una última mirada al búho y entré a mi habitación, esa vez si cerré la puerta.

 

 Deliberadamente decidí no mencionar a nadie algo respecto al búho que se me presentaba de manera recurrente, ya que de haberlo hecho el loquero con el que me llevaron mis padres, me habría diagnosticado esquizofrenia. ¿Por qué? Porque desde que vi a ese búho no pude volver a dormir más de dos horas en la noche, se volvió un hábito el salir de madrugada a fumar y contemplar la ciudad, observar a los vecinos, en algunas ocasiones, cuando ellos despertaban y yo aún no me dormía, podía ver como corrían para llevar a sus hijos a la escuela, algunos pasaban al café por algo para desayunar, otros salían a pasear a sus perros. En poco tiempo comencé a familiarizarme con la rutina del vecindario. Pero cada día estaba más cansado, y el búho siempre estaba ahí, en ese árbol, acompañándome, no quería admitirlo, pero en realidad sentía miedo del animal. No estoy seguro si era mi adicción a la nicotina y contemplar la ciudad o una medida para vigilar que el animal no me atacara mientras dormía. Pero de lo que si estoy seguro es que llevaba meses sin dormir decentemente y eso se empezaba a notar en mi vida diaria.

 

Una noche estaba contemplando la calle como de costumbre cuando me distraje porque una chica parecía tener una pelea con su novio, éste la dejó en la puerta de su casa y ella le reclamaba algo, estaba tan interesado en la escena que olvidé vigilar a mi vigilante. Cuando recordé, el búho ya no estaba en el árbol, me puse nervioso y comencé a buscarlo, pero no estaba; entré en pánico, boté el cigarro en una maceta y de inmediato entré a mi habitación.

 

A continuación, me dispuse a tratar de dormir, entonces lo escuché; ululando, y lo vi con el rabillo del ojo en mi cama. ¡Estaba en mi cama!. El horrible animal estaba ahí, sus ojos fijos en los míos como si quisiera decirme algo. Mi corazón se aceleró. “¡Fuera!” Grité y le aventé el vaso que estaba en mi mesita de noche, como se imaginan eso fue suficiente para despertar a toda mi familia, quienes en cuestión de segundos estaban en mi habitación, mirándome asustados.

 

Cuando prendieron la luz el búho desapareció, por lo que les mentí diciendo que tuve una pesadilla, pero olvidé que había aventado el cigarrillo en la maceta de mi terraza, y el humo que estaba saliendo de la planta me delató. Mis padres me llevaron con el psiquiatra al día siguiente. Ya se habían percatado de mis desvelos y mis escondidas para fumar toda la noche mientras veía la ciudad. Como era de esperarse el loquero me recetó tomar unas pastillas para dormir y tenía que ir a terapias por lo del problema de ansiedad. Me rehusé a ambas cosas ya que tener insomnio tiene ventajas. Por ejemplo, poder observar la ciudad durante el conticinio. Esa mágica hora donde mis pensamientos no se veían interrumpidos por las bocinas de los coches, los niños llorando, los tacones de las mujeres, etcétera. Silencio, eso es lo que me gusta de la madrugada. El silencio es el mejor ruido, el más complejo, nada se escucha pero lo sientes todo.

 

Una noche en la que el búho no dejaba de ulular mis nervios no resistieron, y decidí que sólo por esa ocasión tomaría las pastillas para dormir. Cerré la puerta de la terraza cerciorándome que el ruidoso animal siguiera en el árbol y tomé la medicina.

 

En cuestión de minutos sentí como mis párpados se comenzaban a cerrar, pero el búho comenzó a ulular más fuerte, luché conmigo mismo por mantenerme despierto, así que encendí un cigarro, abrí la cortina y pude ver que el odioso animal seguía en el árbol, sólo que está vez estaba de espaldas, sus ojos no estaban fijos en mi, pero ululaba más fuerte. Molesto, abrí la puerta de la terraza y le grité: “¡¿Qué quieres?! ¡¿Qué quieres de mi?!”. Entonces hizo esa cosa perturbadora que hacen los búhos, esa habilidad que les permite detectar una presa en la oscuridad de la noche, giró su cabeza hacía mí, sin mover su cuerpo. Me paralicé, de pronto me sentí como un pequeño insecto, observado por esa ave rapaz. En aquel momento lo comprendí, demasiado tarde, el ave me estaba cazando.

 

 Nadie pudo haber previsto lo que sucedió después, el animal voló con sigilo hasta mí, y trató de atacarme, lo único que tenía en la mano era mi cigarro, por lo intenté quemar su ala con él, y funcionó pues se alejó tirando la maceta. Pero unos segundos después revirtió a quererme picotear, esta vez sentí sus garras en mi brazo. No sé cómo pasó, todo fue demasiado rápido, las pastillas para dormir me tenían mareado, creo que el barandal de la terraza se quebró y recuerdo haber caído, o eso creo, no estoy seguro porque también recuerdo haber volado.

 

No comprendo que sucedió esa noche, ni porque ahora tengo una pequeña y redonda marca en mi ala derecha, lo que sé, es que desde entonces el muchacho que salía todas las noches y sacaba humo de su boca, ya no lo hace, me alegro un poco porque su presencia me ponía nervioso, ¿Qué clase de criatura no duerme, inhala fuego y exhala humo?, el mismo fuego que destruye nuestras casas, nuestras plantas, nuestros árboles. Ya no lo he visto salir durante el conticinio a observar la ciudad, algunas ocasiones siento nostalgia, tengo la sensación de haber sido él o el haber sido yo, supongo que uno empieza a delirar cuando es privado del sueño, pero no puedo evitar todas las noches pararme en este bello árbol a contemplar la ciudad, esperando alguna presa.

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Esta entrada tiene un comentario

  1. Hola Romi, esto fue lo que escribí los días de semana santa, el tema es totalmente ajeno a lo sugerido pero apliqué las herramientas que nos has enseñado, hoy estuve corrigiendo y depurando, este fue mi resultado final. Un saludo, gracias por leerme, espero te guste.

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