RETO 8: Sobre su forma de corregir

Para mi ex directora:

Cuando la veo, siempre se pinta una imagen en mi mente, la imagen de lo que hoy llamamos una mujer fuerte, “empoderada”. Siempre admiré ese lado suyo, usted muy a pesar de las adversidades, de los inconvenientes y las críticas, nunca flaqueó. Siempre se mantuvo radiante, era la viva imagen de una líder segura, inspiraba confianza en sí misma, como si hubiera leído el futuro y estuviera preparada para lo que sea. Usted logró alianzas que ninguna otra directora en nuestro colegio había hecho antes, nos abrió puertas a las estudiantes, consiguió aportar conocimientos a los profesores, modernizó los métodos de enseñanza y trajo a nosotros las herramientas tecnológicas que mucho de los colegios del estado no logran conseguir… Era un símbolo del éxito sin duda, nadie en la escuela es capaz de cuestionar eso.

Yo, sin embargo, acabé perdiendo la confianza y el respeto que todo estudiante en su institución tiene. 

En ese entonces, yo quería mejorar a mi modo. Era una chica un tanto problemática, lo admito, pero sobretodo era una chica. Era una adolescente, un tanto necia e imprudente y también tenía unos cuantos problemas en casa, pero estoy segura de que eso último usted no lo sabía. Algunos chicos como yo, buscamos un “lugar seguro”, un lugar donde tienes la importancia que no tienes en tu hogar, un lugar al cual se ancla tu autoestima, un rayo de luz entre las sombras. Para mí la escuela era eso. Usted había hecho del colegio, un lugar de oportunidades de desarrollo personal, he visto muchas chicas crecer allí, yo también crecí en un principio, pero luego caí en picada.

Tuve un pequeño error como líder… bueno, tres pequeños errores. Era la delegada, claro, debía ser responsable y lo fui (o al menos fui más responsable que todas las delegadas que tenía como compañeras). La gente suele hacer cosas mediocres, yo quería llevar todo a un nivel de excelencia, ¡y muchas veces lo logré! Pero de eso casi nadie se acuerda. Mas bien, se acuerdan de que me equivoqué tres veces y que el mundo se vino encima mío por ello.

La primera vez fue por una de mis propuestas como delegada: hacer un compartir de comida por el mes de la patria. Yo había ganado las elecciones, ya era delegada, quería cumplir con mi papel y llevar mis propuestas a la realidad. Yo estaba cumpliendo con mi deber, siguiendo con el ejemplo que usted proyectaba a la escuela: ser una líder honesta. Ustedes no lo sabían. Me juzgaron por traer comida al colegio, cuando en realidad era la responsabilidad del comité de la dirección el revisar las propuestas de las candidatas. Pasé por un momento muy vergonzoso delante de todas las chicas de mi salón. La segunda vez fue por una falta de mi compañera, al principio la encubrí pero luego dije la verdad y me corrigieron como merecía y eso debió quedar allí, mas lo que siguió fueron meses de castigo. La maestra a la que confesé mi falta no dejaba de humillarme delante de mis compañeras de aula, tachándome siempre de irresponsable y recordándome mi error en cada sesión de clase. Usted también hizo lo mismo, me enteré que en una reunión de profesores mencionó mi nombre y proclamó que yo era una irresponsable y que no merecía pertenecer a ningún club de liderazgo. Me dolió, porque muchos de mis maestros favoritos me empezaron a ignorar desde entonces, mis compañeras también me miraban con lástima. Mi autoestima no era muy grande, así que me afectó muchísimo.

La tercera vez fue un ataque hacia algo sagrado para mí: mis creencias. Yo era cristiana, pero no era católica. No quise hacer reverencia hacia una imagen de María, entonces tres maestros se enfurecieron conmigo y… usted recuerda la historia. Esa fue la única vez que logré llorar delante de mis compañeras, fue el punto de quiebre, pero usted no lo vio.

A veces pienso que no fue sobre haber sido irresponsable, sino el haber sido descubierta. No quiero justificarme, sé que hice mal, pero ¡cuántas chicas hacen lo mismo y hasta peor! Y nadie las descubre, usted nunca las corrigió con quitarles la medalla de delegadas y humillarlas públicamente delante de toda la escuela como me advirtió que me haría a mí. Fue duro para mí, el colegio era mi lugar seguro. Sé que estaba tratando de corregirme y yo incluso en las primeras ocasiones la escuché con arrepentimiento, lo juro, pero lo que vino después… 

Y en parte le agradezco, porque estos golpes nos hacen a los débiles, fuertes con el tiempo. En ese momento me afectó, pero ahora comprendo que, tal vez no era la manera de hacerlo, pero el mensaje que estaba dándome sí fue bueno: el ser excelente, honesta, responsable e íntegra. Para la vida, ese mensaje fue muy valioso, así que gracias. Por otro lado, espero que usted como autoridad se enfoque en ver a sus estudiantes como las niñas que son, algo tontas e inmaduras, pero igual chicas con un gran corazón tratando de descubrirse a sí mismas. Incluso yo, a pesar de haber pasado mucho tiempo desde que dejé el colegio, no estoy segura de haberme encontrado a mí misma del todo, pero sigo buscando. 

Las mujeres somos maravillosas, las mujercitas nos miran y bien nos siguen o nos apartan. Yo no quiero ser apartada, estoy segura de que usted tampoco. ¡Seamos aquellas personas que queremos ver en el mundo!

Deseándole el bien en todo,

Ruth

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Author: emotional.ruth

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