Reto 8 Paloma

Querido Axel,

Hubiera querido que nuestro adiós sea como nuestro primer saludo, ¿Lo recuerdas? Viniste a mí con los brazos abiertos, besaste mi mejilla y sujetándome fuerte ambas manos, me dijiste que estabas esperando con locura conocerme. Vi que tus ojos eran congruentes con lo que salía de tus labios.

Las circunstancias no permitieron que nos digamos adiós adecuadamente. Por eso estoy aquí con lapicero en mano tratando de resumirte lo que tenía en mente cuando dijiste que me extrañarías y yo sin responder una palabra, cerré la puerta de la oficina de golpe, y no nos volvimos a ver.

No puedo definir el momento en el cual nuestras emociones y buenas intenciones se traspapelaron con todos los asuntos de la oficina. Así como creo que no hay definición exacta de lo bueno y lo malo en nuestra relación como equipo de trabajo; porque mi corazón ahora me dice que fuera de esa empresa, somos solo dos seres humanos, ambos buscando un balance espiritual en un camino empedrado.

Mi volcán jamás erupcionó abruptamente, pero sé que podías notar que mi lava subía extremadamente de temperatura cada vez que tu montaña rusa de emociones iba de picada y tenía que quemarme internamente con tus desfogues: ¿No te dio tiempo de verte hoy en el espejo? ¿En qué idioma me estás hablando? ¿Es tu almuerzo número 40? ¿Te pagan lo suficiente para hacerte cargo de esto? ¿Por qué te interesas tanto por esta gente? ¿Es que nunca dijiste una mentira blanca?… pero lo que me alteraba más mis nervios era que casi siempre tomabas decisiones sin tenerme en cuenta. “No te estoy preguntando, te estoy informando”, decías.

Y para hacer sentir tu dictadura más benévola, me traías un cappuccino cada mañana que trabajábamos juntos. Tanto relacioné el cappuccino a tu mal temperamento, que dado un tiempo terminaba botándolo junto con toda la depuración que hacías de papeles que, según tú, no servían.

Lo siento, si mis valores tan arraigados no iban con tu filosofía de: ser una “perra”, aludiendo satíricamente a sacarle ventaja a todo en esta vida. Y juro, por todas esas cajas de galletas, chocolates y pasteles que devoré cada vez que había logrado tu regla de jugar con la psicología de la gente, que hice lo que pude. Pero esa no soy yo.

De todas formas, hoy con la mente más clara, tengo que agradecerte por todo lo enseñado. Después de todo, a eso venimos a este mundo, ¿verdad? A aprender.

Y hasta que la vida nos vuelva a juntar, yo prefiero llevarte en mi mente como aquel día en que no habían llegado los problemas a afectarnos, que hablamos y parecíamos ser amigos, y me hiciste este comentario: “¡Ojalá! y mi tótem de paloma, me libere de tanta presión algún día, Davinia, y me recuerde quién soy”, y mientras lo decías, tus bellos ojos cafés brillaban igual que la primera vez que me saludaste. Y creí, creo, que realmente lo deseas.

Espero que cuando eso suceda, te recuerdes de mí.

 

davinia6492
Author: davinia6492

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Esta entrada tiene un comentario

  1. romina

    Muy bien el desarrollo, nos faltó el cierre que se pedía, pero la redacción con mucho crecimiento. Muy bien.

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