Reto 8. De parte de su colega

De parte de su colega

Doctor Enrique ¿me permite llamarlo así? ¿Me podría prestar una vez más unos minutos de su valioso tiempo? Le prometo que no es para fastidiarlo, pero hay algo de lo que le quiero hablar.

Tuve la grandiosa oportunidad de empezar a trabajar en su clínica el 28 de febrero del año pasado. Durante mi inducción  algún médico que me enseñaba cómo organizar el papeleo me habló te lo temible que era usted para sus empleados. Le creí a medias, pues mi mamá siempre me ha enseñado que todas las personas por temibles que parezcan tienen un motivo y merecen un buen trato. No habían pasado muchos días cuando recibí el primer regaño por algo que no era mi culpa y por supuesto me atreví a aclararlo, recuerdo que en otra ocasión frente a su escritorio dijo que usted a nadie le negaba información y con el tiempo lo fui comprobando.

Un día su mamá llegó para una cirugía oftalmológica yo no sabía con quién estaba hablando, hasta que sonriente y orgullosa me dijo que usted era su hijo adorado, me preguntó si era usted muy enojón y al decirle que no, me dijo que ella conocía bien a quien había educado. No se equivocó al enseñarle buenos valores, pues en este tiempo que lo he conocido, sinceramente admiro su conocimiento, su fortaleza, el respeto que impone y las acciones nobles que ha tenido hacia sus pacientes y colaboradores. Entiendo su postura dura, pues no es fácil estar al frente de una empresa, tiene demasiadas preocupaciones y desea que su equipo de trabajo sea eficiente.

Sé que muchas veces no he sido santo de su devoción, me disculpo si le causé inconvenientes. A través de esta carta quiero expresarle que en algunas ocasiones lastimó mis sentimientos al descalificarme o enojarse sin escuchar razones o dejarme dar explicaciones. Debo confesar que me sentí enojada e impotente y no había alma que me consolara, aunque me dijeran: “él es así, no le hagas caso”. No se imagina cuánto me dolieron sus palabras, sin embargo, aceptaba mis errores y continuaba trabajando en silencio. Hubo más veces en las que trataba de no aparecer frente a usted para no molestarlo.

Doctor Enrique, no tengo conocimientos médicos que transmitirle, no soy especialista como usted, soy joven y a veces inexperta. Soy ingenua muchas veces y confío demasiado en otros, soy este tipo de persona a la que los gritos le afectan. Amo demasiado la medicina y lo que más disfruto es hacer que los enfermos encuentren un poco de alivio en las camas en las que convalecen atemorizados o tristes por un mal que los aqueja. Soy doctora, soy humana y soy una especie rara que ama y atesora las letras.

Sé que trabajadores van y vienen porque así es esto, pero si hubiera algo que dejarle ahora que me voy, quisiera que fuera un buen recuerdo. Quisiera que pensara que he sido un médico responsable, de confianza y que siempre trabajé con usted con profundo respeto.

Nos encontraremos en el futuro si Dios lo dispone y espero que nos veamos con tregua de paz, como viejos conocidos. “Temible” doctor Enrique, de alguna forma lo aprecio y agradezco conocerlo. Antes de despedirme le escribo otro consejo: sonría mucho a su familia, a sus compañeros de trabajo, así como a los pacientes, pues la sonrisa se contagia y aporta luz a sus receptores y con un poco de suerte, recibirán calidez de su persona, confianza y esperanza.

Katia Mava

katimav
Author: katimav

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Esta entrada tiene un comentario

  1. romina

    Nos falta un poco de orden en la idea. No olvides el PG. ¿Por qué es un antagonista? ¿Qué momento?

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