Reto 8. Mobbing

Estimada Idalia:

No te lo había dicho antes, pero te admiro. Eres una profesional muy responsable. Siempre llegas muy puntual a trabajar, entregas a tiempo tus informes y cumples cabalmente con tus asignaciones. También eres muy leal a “tus viejitas”, como sueles llamarles; nunca te hace falta la comida para compartirles. Eres una mujer luchadora y organizada, pendiente de tus hijos, supliendo lo que necesitan y corriendo de aquí para allá. Tu porte alto y caminar decidido reflejan un aire de seguridad en ti misma. Amas la lectura llena de romance y pasión. Y aunque ser madre y profesional es todo un desafío, tus manos, impecables y bien arregladas, reflejan que aún te queda tiempo para consentirte.

Empezamos a estar más distantes. El primer año de escuela de mi hija, me hizo modificar mi horario de almuerzo; dificultando que coincidiera contigo. Pero ese día, que volvimos a conversar en tu consulta, dijiste algo que me erizó la piel: “A las buenas, soy muy buena; pero a las malas, yo soy más mala”. Lo pronunciaste con esa mirada, que había visto algunas veces, ensombrecida por una maldad, muy profunda, proveniente de tu ser. Ése, sólo fue el inicio de mis peores días laborales. 

Todavía no había entendido bien tu tenebrosa declaración, cuando empecé a sentir sus efectos. Una tensión muy fuerte, en el ambiente laboral, crecía cada día más. Primero, los compañeros; luego, las asistentes de consulta externa; por último, los médicos del equipo. Parecían volverse contra mí sin explicación aparente. Comenzaron a ignorarme en las reuniones, ya no me tomaban en cuenta para los desayunos de los viernes. Ese silencio incómodo cuando aparecía, el dejarme hablando sola y los saludos sin responder, se fueron propagando como una epidemia muy contagiosa en el equipo. Tu capacidad de manipulación es excepcional. Incluso, lograste ponerme en contra del Paidopsiquiatra, aprovechando aquel momento en el que me defendí por una falsa acusación. Lo peor es que no respetaron mi embarazo, haciendo que un lindo período se convirtiera en un infierno. 

Pero la luz de la verdad siempre ilumina en el momento preciso. Por eso es que, hasta hoy, me dirijo a ti. Porque la investigación que se inició, tras poner mi denuncia, te ha encontrado culpable. Fuiste tú, la autora intelectual del acoso en mi contra. 

Me han transferido a un nuevo departamento con un nuevo equipo; mientras tú, tendrás que ir a terapia como medida correctiva. Hubiese preferido arreglar las cosas de otra manera, pero te rehusabas a conversar conmigo. Aún así,  me siento liberada. Mi instinto me decía que eras tú, y hoy lo confirmo. No sé qué fue lo que te llevó a todo esto, pero tampoco quiero que lo aclares ya. Sólo entiendo que no es la primera vez que lo haces  ¡Pero conmigo, sí será la última!

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Esta entrada tiene un comentario

  1. romina

    Revisa que del primer al segundo párrafo hay un salto muy brusco, no se entiende por qué el corte.

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