Reto 7 Volver a Amar

María era esa mujer joven dulce y tierna que creía fervientemente en el amor verdadero, pese a que tenía ya poco más de un año sin novio.

Un día recibió un whatsapp de una amiga invitándola a una fiesta, accedió sin dudarlo. Se emocionó tanto que preparó con muchos días de anticipación la ropa y zapatos que usaría, ensayó maquillaje y peinado, quería lucir perfecta; se sentía tan feliz porque presentía que en esa fiesta encontraría al hombre que ella tanto anhelaba (María era en suma intuitiva, y confiaba ciegamente en sus premoniciones), quizá esa noche los planetas se alinearían a su favor, mercurio estaba regente, venus tangente o ¿qué se yo?, pero el corazón de María bombeaba tan fuerte anhelando ese gran día, tanto que el hambre se le iba algunos días y otros quería comer todo el día.

Por fin el gran día inició, se alistó, preparó y dirigió al lugar, se mostraba ansiosa por asistir y encontrar ahí a quien sería dueño de sus risas, de su amor, de todas sus sonrisas. Y al llegar dejando de lado a sus amigas; en tono de búsqueda, María ansiosa inspecciono todo el lugar, sin encontrar la mirada soñada. Además de que el sitio se encontraba repleto de gente riendo, bebiendo, comiendo, bailando, el humo por todo el lugar impedía ver con claridad. ¿A quién buscas María? (Le preguntó una de sus amigas que la noto dispersa). A nadie, solo veo si hay alguien conocido. ¡Qué bonito se te ve el cabello planchado María, pareciera que fueras lacia!, (le dijo otra amiga). Gracias, sí me entretuve un rato en eso, ya sabes que chino lo tengo. (Respondió María).

María se abocó a la plática distrayéndose por un instante con su bebida, luego se paró a bailar con un amigo gay que traía un chaleco de lentejuelas muy vistoso y divertido, hacía que las luces se reflejaran de una forma muy curiosa. Bailaba ella, cuando de pronto apareció entre las sombras de la entrada un joven guapo alto, fornido, de tez blanca, cabello castaño, que usaba lentes y además traía puesta una chamarra pese a que el clima no lo ameritaba.

María no apartó la mirada de él, lo siguió sin vacilar, y de pronto lo inevitable ocurrió, él se dio cuenta que era observado y retuvo también la mirada en María quien al notarlo sintió un golpe en el pecho que casi la asfixio en un instante, un bochorno imposible de ocultar sonrojo su rostro, quiso huir pues de pronto el miedo se embargó de ella, sabía que podría volver a ocurrir, ilusionarse y desilusionarse (un juego que María ya conocía muy bien y pese a que ya le había ido mal, su positivismo le decía “Date una oportunidad, tu sabes que esta vez puede ser distinto, aún no lo conoces, se ve que es bueno, hiciste química instantánea con él, solo inténtalo”) Y así en medio de tanta gente, se miraron fija y profundamente dejándose tocar el ente por un instante sublime donde las almas se entrelazan, acarician y el placer es más que transparente; el ruido pronto desapareció, no hubo más voces, y la gente también se disipó, no había más rostros alrededor; hacer el amor con la mirada es de los pasatiempos preferidos de María, y no todos los días se obtiene una conexión tal, como la que adquirió en ese momento.

El joven detuvo la mirada con un guiño, se acercó a ella con paso seguro y una sonrisa en el rostro imposible de borrar.

—¿Cómo te llamas? 

—María, ¿y tú?

—José, sabes yo ya te había visto antes, te ves muy bonita, pero adoro tu cabello rizado todo alborotado.

María al escuchar esas palabras sintió como una bola de fuego le quemaba la garganta y subía por todo su rostro haciéndola parecer un jitomate bien maduro.

—Gracias, te va a dar calor. —Le dijo María, sonriendo mientras apuntaba a la chamarra que aún traía puesta José.

—Sí. María ¿bailas? —preguntó José mientras se quitaba la chamarra.

—Claro que sí. —respondió María con el corazón a punto de estallar, una sed insoportable y ganas de orinar. Todo por el miedo de caer en el amor una vez más, cuando en su mente una voz le repetía “Solo hazlo, atrévete a volver a amar”.

Bailaron toda la noche, parecía que hubiesen practicado antes, se veían muy adaptados, incluso parecían una verdadera pareja más allá del baile. Una canción romántica fue suficiente para que ambos se adosaran de tal forma que fue imposible detener el beso, sus labios se abrazaron fundiéndose uno contra el otro en medio de tanta, pero ninguna otra gente. María dejó de pensar y se abocó a disfrutar.

José, soltó el abrazo, la tomó de las manos, la miró a los ojos y le dijo “Ya en serio, dame tu número, quiero salir contigo y conocerte bien”, José no era el más hábil con las palabras, pero a María le derritió aún más que mostrase ese detalle (pensaba, él quiere algo más allá de una sola fiesta); dudó si dárselo o no, pues sería arriesgado, aunque sus amigas lo conocían y era amigo de ellas, María tenía miedo de volver a amar. Finalmente, María se armó de valor y le dio su número. Prometió dejar el miedo y volverlo a intentar.

Dulce María Ruiz Chávez

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Esta entrada tiene un comentario

  1. romina

    Bien redactado (los diálogos no pero aún no vimos ese punto) pero no responde al pg del reto.

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