Reto 6 – Vivo estoy.

A diario reflexiono durante las noches acerca de lo que ha pasado en mi vida, lo que está por venir y lo que ya vino, pero he comenzado a recordar cada vez más mi pasado, que ahora me persigue a diario.

Sin saber el porqué, en las noches me veía a mí mismo en salas de hospital, estando a punto de que me realizaran diversos estudios. No he tenido nunca una muy buena salud que digamos, y eso pasaba desde pequeño. A pesar de que era muy inteligente, solía ser medio torpe y débil, y me cansaba muy fácilmente. Al parecer había nacido con una extraña condición llamada  Síndrome de Duchenne-Becker, la cual hacía que tuviese muchísimas dificultades para hacer actividades físicas, y me hacía ser muy débil. Los doctores jamás pudieron definir lo que me pasaba, pues en los dolorosos exámenes que me hacían debían dar positivos 4 valores para confirmar que tenía esa enfermedad, pero siempre salían solo 3 valores positivos. Tuve que pasar por un largo martirio de constantes pruebas caras y dolorosas para confirmar que tenía esa enfermedad, pero nunca podían definirlo. Mis expedientes se perdieron 2 veces, por lo que tuve que volver a pasar por ese infierno con un dolor incesante y un mar de lágrimas. Al final los doctores confirmaron el diagnóstico, y les dijeron a mis padres que a los 8/9 años iba a comenzar a dejar de caminar, y a los 11 años morir. Obviamente se veían destrozados y lloraban a más no poder, pedían a Dios que todo mejorase y que pudiese ser curado.

Mis padres dejaron de hacerme estudios, y un día escuché a mi papá llorando, decía que él iba a ser mis pies, y cualquier cosa que yo necesitase él iba a estar ahí para apoyarme. Eso me hizo sentir triste, pero a la vez me hizo sentir que era amado. Durante ese entonces, entré a la primaria, y sufría de bullying por no poder hacer bien los ejercicios y por no tener desarrollado el arco del pie. A pesar de eso, yo era feliz, porque mis papás siempre estaban a mi lado ayudándome a ser feliz, apoyándome en las buenas y en las malas.

Un día, en segundo de primaria, me empujaron y caí al suelo sin poderme levantar. Una simple caída había provocado una lesión en mi columna, y mientras me retorcía de dolor, mis papás no sabían qué hacer. Seguimos orando y comenzamos a apoyar mucho en la iglesia, y poco a poco la lesión se curó.

Los años pasaron lentamente, y para cuando tenía 10 años, por alguna extraña razón seguía caminando. Un día, en la clase de iglesia dominical, a mi mamá le tocó darme clase, y comenzamos a orar con todos los demás compañeros. Comencé a sentir un dolor horrible en el pie, y comencé a llorar. En ese momento, mi mamá me quitó el tenis y los calcetines, y pudo ver que me había aparecido el arco en los pies de un momento a otro. Por fin iba a dejar de usar plantillas y podría ser un chico normal.

Volvimos a realizar los estudios del Duchenne-Becker, y esta vez todos los valores dieron negativos. De alguna manera, esa enfermedad que parecía incurable, había desaparecido, y eso me enseñó a que debo vivir dando lo mejor de mí, pues la vida es un recurso único y extremadamente valioso, debemos dar lo mejor de nosotros y hacer todo lo posible para apoyar a las demás personas, dándoles nuestra mano y apoyándoles a seguir adelante, pues gracias a que mis papás me apoyaron en momentos tan complicados es que hoy en día estoy completamente orgulloso de decir que estoy vivo. Todo lo que ocurrió fue un milagro, y ahora intento vivir para escribir y poder tocar el corazón de la gente que lo necesite.

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JRichardGtz
Author: JRichardGtz

Esta entrada tiene un comentario

  1. romina

    No olvides la conexión, hacer sentir al lector.

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